El poder de la narrativa

En la última década, las investigaciones periodísticas ayudaron a deconstruir la narrativa kirchnerista. Esa deconstrucción amplió la conciencia colectiva acerca del impacto que tiene y tuvo la narrativa peronista-kirchnerista en la configuración de las creencias nacionales. Sin embargo, ninguna fuerza de la oposición logró articular una épica alternativa tan atractiva.

El poder de la narrativa

En su edición del día 11 de marzo de 2020, el diario “La Nación” publicó un artículo de la periodista y escritora argentina Laura Di Marco que, refiriéndose a expresiones del abogado y dirigente social Juan Grabois, a opiniones del psicoanalista José Abadi y de la periodista y ex senadora nacional María Eugenia Estenssoro, señala que la oposición a la corriente política identificada como “Kirchnerismo” no había logrado elaborar una “épica colectiva” que sea alternativa o reemplace a la instalada en la sociedad por ésta. Es decir –concluye-, aún cuando la narrativa “kirchnerista” fue deconstruida (en el sentido de desmontar, señalar los aspectos frágiles) por las investigaciones periodísticas, no fue reemplazada por una nueva construcción narrativa.
Transcribo párrafos de ese artículo como antecedente a lo que pretendo transmitir:

La narrativa kirchnerista

«En paralelo a este barquinazo (señala la autora que el riesgo país había trepado al nivel más alto en 15 años y los bonos soberanos habían caído en picada), Juan Grabois, […] viene haciendo un llamado solidario: “barrer definitivamente” con «los parásitos» (el campo) para «recuperar» la dignidad. «Parásitos» que, por ahora y ante la ausencia de una visión  estratégica de país alternativa, son casi los únicos productores de dólares […]. También acusó a los campesinos de utilizar sustancias contaminantes, como si la quimera de Vaca Muerta […] fuera productora de energías sustentables.

El blanco inmediatamente  anterior de Grabois fue Marcos Galperin y, con él, todo el sector de la economía del conocimiento, motor de desarrollo en las democracias avanzadas […]. El final de la historia es conocida: el dueño de Mercado Libre se mudó a Uruguay. Pero la suspensión de la ley que frenó beneficios fiscales a Mercado Libre no solo expulsó a Galperin, sino que puso en jaque a todas las empresas que exportan servicios basados en el conocimiento[…].

Detrás de la narrativa de Grabois […] se esconden creencias indecibles. Por ejemplo, la idea de que el que tiene o el que logra no solo es sospechoso, sino que le ha robado a alguien […].   El psicoanalista José Abadi suele explicar que, desde el paradigma dominante argento, el éxito es vivido como una usurpación. O como el robo de lo que hubiera sido mío. De allí el ataque encarnizado del kirchnerismo a la meritocracia como ideología. O, mejor aún, como motor de crecimiento de las sociedades. «La meritocracia es el reconocimiento del prestigio y el placer del esfuerzo» explica. ¿Placer en el esfuerzo? Sí. El esfuerzo no es sinónimo de sacrificio, dice. Es la tenacidad y un recurso que pone en marcha la posibilidad de alcanzar logros genuinos […].

En la última década, las investigaciones periodísticas ayudaron a deconstruir la narrativa kirchnerista, avalada ahora por todo el PJ, cuando suscribe la descabellada teoría del lawfare. Aquella narrativa fue deconstruida con datos, hechos, e imágenes demoledoras (los bolsos de López), y amplificada por esa conversación de todos con todos que son las redes sociales. Esa deconstrucción amplió la conciencia colectiva acerca del impacto que tiene y tuvo la narrativa peronista-kirchnerista en la configuración de las creencias nacionales y hasta de un sentido común. Sin embargo, ninguna fuerza de la oposición logró articular una épica alternativa tan atractiva. Es decir: la deconstrucción no fue reemplazada por una nueva construcción.

La periodista María Eugenia Estenssoro, integrante del Club Político Argentino, explica por qué la narrativa K devino, paradójicamente, en el verdadero pensamiento hegemónico: «A las sociedades las mueven las ideas, las épicas, los relatos. Y la Argentina se ha quedado solo con el relato peronista y el relato K, que son muy pregnantes y que han colonizado, incluso, la educación pública y el Estado. No existe una épica que cuente de dónde venimos, cómo estamos y adónde queremos ir desde el campo liberal-republicano, que sentó las bases de nuestra Constitución y desarrollo. Hay un trabajo intelectual pendiente: escribir nuestra versión del pasado y el presente para crear el futuro que queremos, con ideas e historias que movilicen. La gestión y las estadísticas no enamoran» […]

Abadi lo atribuye a la ausencia de un «argumento» nacional. ¿Qué sería? «La Argentina no tiene la Ilíada, de los griegos, o la Eneida, de los romanos. Es decir, carece de la mística que le permite al pueblo formar su identidad. Hay un síntoma de ese no argumento, que es el argumento equivocado» .

Deconstrucción y reconstrucción de la narrativa kirchnerista

Ignoro si Laura Di Marco conoce el modelo sistémico de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos a través del que expreso la Conflictología que impulso, pero una explicación más acabada del fenómeno que la autora señala se puede encontrar en la estructura misma del modelo que propongo: en realidad, la deconstrucción no fue reemplazada por una nueva construcción, como señala el artículo, porque no se siguió el paso intermedio que lo permite, esto es, la reconstrucción de la relación entre lo que se deconstruye y lo que se persigue construir. Es que la deconstrucción aporta el análisis de los hechos y la reconstrucción desarrolla las acciones que operan el cambio del sistema para lograr esa nueva construcción. Esas acciones de reconstrucción son las que desarrollan nuevos significados, nuevos escenarios, y hasta nuevas épicas alternativas como reclama la autora, con la ventaja de su solidez y de su sustentabilidad, porque esos nuevos significados, escenarios y épicas, surgen como producto del diálogo entre la narrativa que se deconstruye y la que se construye, lo que le aporta la estabilidad de la co-construcción.

Un valioso artículo que traigo aquí porque permite un ejercicio para apreciar que el resultado de nuestras investigaciones ha sido certero, que el modelo de interpretación y de intervención sobre la realidad funciona, y que provee la posibilidad de lecturas precisas acerca de los procesos que el trabajo periodístico menciona.

Y porque también permite poner de relieve el peligro de manipulación de la conciencia colectiva a través de los procesos narrativos; manipulación que, como sostiene el modelo, es muy potente, porque el conflicto no está en los hechos, sino en la construcción narrativa de ellos.

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