Las variables del conflicto y el «Síndrome de Estocolmo»

Por Ezequiel Luppi

Abogado, miembro del equipo docente coordinado por el Dr. Rubén Calcaterra, que tiene a su cargo una de las comisiones de la materia “El sistema conflicto” que se dicta en el Ciclo Profesional Orientado de la Carrera de Abogacía de la UBA.

Ezequiel Luppi

El llamado «Síndrome de Estocolmo» plantea una relación inusitada entre secuestradores y rehenes. ¿Cómo podemos abordarla y analizarla desde la Teoría del Conflicto y el Modelo de Análisis de Conflictos?

"El Síndrome de Estocolmo"

El 23 agosto de 1973, Jan Erik Olsson entró a robar al Banco de Crédito de Estocolmo, tomó cuatro rehenes, exigió una importante suma de dinero, un auto para huir, y que además, le entregaran a un famoso criminal que en ese momento estaba en prisión. Luego de 6 días de negociaciones, la policía ingresó al banco por la fuerza, detuvo a los secuestradores y liberó los rehenes.

A simple vista, no parecería un hecho de gran trascendencia, sin embargo, los sucesos de esos días quedaron en la historia debido a que dieron lugar al comportamiento que hoy se conoce como el “Síndrome de Estocolmo”.

Durante los seis días que duró el secuestro, los rehenes manifestaron complicidad con sus secuestradores a tal punto que los defendieron públicamente en televisión, y desarrollaron con ellos alguna clase de vínculo afectivo que incluso se prolongó en el tiempo, de forma tal que una de las rehenes mantuvo correspondencia con uno de sus captores mientras éste estaba en la cárcel.

Síndrome de Estocolmo
Rehenes durante el robo al banco

Aportes desde la teoría del Conflicto

Este trabajo no intenta establecer si este síndrome realmente existe como tal, cuestión que es debatida en el ámbito de la psicología; como así tampoco se trata de un estudio pormenorizado de esta conducta, sino que nos acercaremos a este fenómeno desde la perspectiva de la Teoría del Conflicto y del Sistema de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos desarrollados por los profesores Remo F. Entelman (“Teoría de Conflictos, hacia un nuevo paradigma”, Gedisa, Barcelona, 2002) y Rubén A. Calcaterra (“El sistema conflicto”, Ibañez, Bogotá, 2016), respectivamente, porque creo que el análisis de este inusual comportamiento contribuye a ver corroboradas algunas de sus premisas.

El profesor Entelman dice que se puede predicar acerca del conflicto en general, que “es una especie o clase de relación social en que hay objetivos de distintos miembros de la relación que son incompatibles entre sí” (pág. 49, ob.cit.) Ahora bien, conforme esta definición, el conflicto es un tipo particular de relación social, por lo que aparece como un fenómeno necesariamente más amplio que el objetivo incompatible que lo genera.

Por ello, resulta vital para un correcto planteo en vistas a solucionar un conflicto, generar una narrativa conjunta que incorpore las perspectivas de todos los actores involucrados reconociendo las diferencias existentes, pero destacando al mismo tiempo aquellas cosas que tienen en común, descubriendo o redescubriendo la relación dentro de la cual se desarrolla el conflicto, a fin de lograr el nivel necesario de colaboración entre los actores que permita alcanzar una solución respecto del objetivo incompatible. El profesor Entelman se refería a esta cuestión afirmando que “no hay relaciones que se agoten en un único objetivo, igualmente valorado como incompatible por los actores en pugna (ob.cit., pág.109).”

En un primer análisis, parecería que hay pocas cosas en común entre un secuestrador y su rehén, que nos encontramos frente a lo que desde la teoría del juego se conoce como un juego de suma cero. Sin embargo, sin entrar en complejidades psicológicas, ambos actores de este conflicto comparten el objetivo de salir ilesos del incidente, y en ese marco, si el rehén está convencido de que el secuestrador no le va a hacer daño si se cumple con sus demandas, se podría generar un espacio para la colaboración.

 

Variables de la conducta conflictiva

El Sistema de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos, elaborado por el profesor Calcaterra contempla, además, la existencia de variables de la conducta conflictiva que se dan en distintos niveles de la conciencia humana:

  1. un nivel de conciencia emotiva, vinculado a las emociones y que es donde se presentan los fenómenos de hostilidad y amistad;
  2. un nivel de conciencia intelectual, compuesto por las decisiones que toman los actores, donde se dan los fenómenos de acuerdo y desacuerdo; y
  3. un nivel de la conciencia volitiva, donde se ejecutan estas decisiones y donde se presentan los intercambios de actos positivos o negativos entre los actores.

Este modelo sistémico, con el que el profesor expresa la Conflictología que propone, explica, siguiendo a Entelman, que existe una relación entre estas variables de conducta, las que mantienen una especie de balance entre sí de forma tal que una modificación en una de ellas impulsa una modificación similar en el resto (pág.245, ob.cit). Así es como, a partir del intercambio de actos positivos a nivel de conciencia volitiva, seguirá un fenómeno clasificado por Entelman como de “amistosidad” a nivel de la conciencia emocional, para finalmente presentarse un fenómeno de acuerdo a nivel de la conciencia intelectual.

Conclusiones

Teniendo esto en consideración, sería posible afirmar que el espacio de colaboración generado entre secuestrador y rehén, mencionado anteriormente, podría catalogarse como un fenómeno de acuerdo a nivel de la conciencia intelectual, y a partir de allí, uno puede especular que comenzaría a generarse entre ellos un intercambio de actos positivos a nivel de la conciencia volitiva, lo que eventualmente conduciría a fenómenos de “amistosidad” a nivel de la conciencia emocional, configurando lo que podríamos llamar “Síndrome de Estocolmo”.

Insisto una vez más, la elaboración de este breve artículo no apunta a desentrañar los misterios de este particular comportamiento, sino a desarrollar lecturas de ciertos fenómenos a la luz de los modelos elaborados por los profesores Entelman y Calcaterra, ejemplificando su aplicación a los hechos de la vida cotidiana, y explicar los vínculos entre los actores más distanciados, y posiblemente, como en el ejemplo analizado, entre los más inusuales.

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