Conflictología y mecanismos de conducta

Podemos observar en el plano social (con mayor frecuencia en la política) una conducta que adoptan ciertos actores frente a contextos conflictivos. Se trata de señalar al otro como responsable de una situación que la misma persona generó. ¿Qué mecanismos encontramos detrás de esta actitud?

Conductas y mecanismos mentales

Uno de los ejercicios más atractivos que uno puede hacer con la Conflictología, es poner determinadas conductas bajo su lupa. Además de atractivo, el ejercicio permite contextualizar y comprender determinadas conductas que ocurren con frecuencia en las relaciones conflictivas.

Me refiero a la conducta de quien o quienes señalan a otros como responsables de un estado de cosas que él o ellos mismos han contribuido a crear, circunstancia más que frecuente en el plano de la política y de las organizaciones en general.

Frente a estas conductas, la pregunta que se hace el observador es: ¿qué mecanismo mental  permite a esta persona o grupo formular tales señalamientos ignorando su co-responsabilidad en los hechos que acusa, desplazándola hacia afuera de sí mismo para colocarla por entero en cabeza de otros u otros?

Veamos.

Uno de los elementos del conocimiento que utiliza el sistema de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos,  integrando el subsistema Decisión es, precisamente, la teoría de la decisión. En su desarrollo, y para explicar el tema de las preferencias como uno de los elementos de la decisión, nos encontramos con algunos mecanismos para la formación de las preferencias. Uno de ellos, es el de las preferencias adaptativas que, en algunas circunstancias, pueden ser forjadas por las oportunidades. En El Sistema Conflicto (Grupo Editorial Ibañez, Bogotá, 2016, pág. 306) me refiero a este mecanismo citando como ejemplo la fábula de la zorra y las uvas que refiere Elster en Egonomics (Gedisa, Barcelona, 1997, pág. 73) y que puede traducirse así: cuando la zorra se sintió incapaz de alcanzar las uvas que pretendía comer, le dijo al pájaro que, en realidad, desistió de ello cuando advirtió que aún no estaban maduras, y siguió su camino intentando convencerse que su fracaso no fue por su incapacidad sino porque las uvas estaban verdes.

La "ajenización estratégica" y la "disonancia cognitiva"

En un artículo publicado en la Sección Opinión del diario La Nación del 24 de enero de 2016, el periodista Diego Sehinkman hace una brillante aplicación de esta fábula a la conducta de un miembro de la oposición de ese entonces que marchó con pancartas que acusaban al gobierno de ser responsable de lo mismo que su facción política, cuando era gobierno y él mismo era funcionario, había causado. Es más, llegó a abrazar solidariamente a los trabajadores que no cobraban y a mirarlos a los ojos, como si nada hubiera tenido que ver él y su gobierno con el presente que estaba denunciando.  

El periodista, en esa nota, atribuye esta conducta a un sorprendente cuadro psicopatológico-político que denominó ajenización estratégica. «Se trata de un fenómeno disociativo, donde al sujeto se le presenta como ajena la consecuencia en cuya causa colaboró. ¿Y por qué estratégica? Porque es un mecanismo, un truco mental, que al susodicho le permite instalarse en un rol de opositor, sin colisión ideológica interna. Y esto ocurre sin ninguna activación del sistema nervioso autónomo. No presenta rubor, como cuando aparecen la vergüenza o la culpa».

Nosotros hemos encuadrado estas conductas entre las preferencias adaptativas que reconoce al mecanismo de la disonancia cognitiva como subyacente; «la disonancia cognitiva es la tensión o inquietud que surge cuando dos o más elementos de nuestra mente consciente se oponen entre sí, como cuando elijo un camino para llegar a destino sospechando que existe otro mejor. En estos casos y para reducir la disonancia, el decisor tiende inconscientemente a alinear uno de los elementos con el otro».

Claro está que nuestro encuadre sirve para explicar las conductas que aparecen en la interacción conflictiva como consecuencia de mecanismos auténticos de conducta; la «ajenización estratégica» que inaugura Sehinkman se refiere a conductas que adoptan intencionalmente personas o grupos para desplazar su responsabilidad y depositarla en los otros con los que conflictúan.  

En ambos supuestos el trabajo del operador será arduo, pero la diferencia está en que, en el primer supuesto tiene como conflictuante a la persona auténtica que padece la disonancia cognitiva; en cambio, en el caso de la ajenización estratégica, lo que tiene conflictuando es a un personaje que utiliza a la persona para lograr objetivos que no estará dispuesta a negociar porque el mecanismo de negación le impedirá considerar evidencias que le haga cambiar de opinión.

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