La neutralidad como una práctica discursiva

La neutralidad como una práctica discursiva:
la construcción y transformación de narrativas en la mediación comunitaria1

Sara Cobb y Janet Rifkin examinan la neutralidad como práctica discursiva en la mediación: cómo las narrativas construyen posiciones de poder y qué implica esto para una mediación verdaderamente imparcial.

Por Sara Cobb y Janet Rifkin

Sara Cobb es pionera del modelo circular narrativo en mediación, referente internacional en resolución de conflictos y docente investigadora en George Mason University, cuya obra fusiona narrativa, práctica de campo y formación global para transformar el campo mediante el llamado «giro narrativo».2

Janet Rifkin es profesora emérita de Estudios Jurídicos en la Universidad de Massachusetts en Amherst, especialista en resolución alternativa de conflictos, cofundadora de la Asociación Nacional de Mediación en la Educación y figura clave en la formación de mediadores y el desarrollo institucional del campo en EE. UU.3

Sara Cobb
Janet Rifkin

Introducción

Usar la metáfora de Foucault, la mediación es un «artefacto» de la neutralidad4, significa que las interpretaciones, explicaciones y la mayoría de las críticas de la mediación se realizan dentro de la estructura discursiva, tal como, estructuras semánticas, metáforas, y vocabulario, provisto por la «neutralidad». Como vocabulario, la neutralidad funciona como un sistema retórico de términos explicados psicológicamente, tales como: intereses, actitudes, necesidades, estrategias, sentimientos, valores, opiniones, y predilecciones, centrales en la evaluación práctica y ética de la práctica de la mediación. En otras palabras, para hablar de «neutralidad» debemos hablar de fenómenos que sucedieron en la cabeza (o corazón) de individuos.

El discurso de neutralidad es central en los estándares éticos de los mediadores como delinean las organizaciones profesionales, como SPIDR (Sociedad para Profesionales de la Resolución de Disputas); estos estándares «acentúan la necesidad de imparcialidad» y se refieren al deber del mediador de ser imparcial (Estándares ABA de la Práctica para Abogados Mediadores en Disputas Familiares). Parecido al rol de la «objetividad científica» en la legitimación de investigaciones empíricas, el discurso de neutralidad proporcionó la piedra angular para la legitimación de la práctica de la mediación.

Estos estándares también exigen que los mediadores equilibren el poder asegurándose que todos los intereses estén representados, incluyendo aquellos intereses callados (o desconocidos)5. El mandato de imparcialidad y el mandato de representar intereses chocan y llevan a interdictos paradójicos para la práctica de la mediación: la imparcialidad prohibe la representación de una parte, aunque, para equilibrar el poder, los intereses no representados deben ser representados6.

No es sorprendente que la falta de claridad en los estándares éticos de las organizaciones profesionales se refleja en la ausencia de toda guía específica en la práctica de la neutralidad; en su lugar, las interpretaciones locales y tácitas sobre la neutralidad guían la práctica. Desde esta perspectiva, la neutralidad funciona como un concepto popular que surge de mitos culturales, ideologías dominantes y el vocabulario de todos los días para reconstituir la «red de significados intersubjetivos» que hacen posible la práctica de la mediación7.

Como concepto popular, la neutralidad está entrelazada con nociones sobre «poder», entendido predominantemente como «coerción» -actos en los que un individuo impone su deseo sobre otro, contra el deseo de ellos-. El discurso existente sobre neutralidad y poder contribuye a la continua confusión en la práctica de la neutralidad al requerir que los mediadores eviten la coerción o persuasión hacia los participantes y, simultáneamente, entre los participantes. Como la coerción y la persuasión no pueden presenciarse (son fenómenos psicológicos y por lo tanto hechos mentales), no se puede desarrollar un criterio para evaluar el poder. En otras palabras, el discurso de neutralidad surge de, y simultáneamente, las interpretaciones sobre el «poder» en la mediación. 

Pensar críticamente en la mediación -esto es, dirigir temas relacionados con el poder- es cuestionar el discurso de neutralidad como campo retórico del que la mediación saca su legitimidad; en la mediación, las preguntas críticas sobre el poder se responden en el discurso de neutralidad. Aún, como discurso de origen, la neutralidad se alimenta de la legitimidad de las prácticas que surgieron de ella, como la mediación, en un ciclo de ayuda mutua. La relación interdependiente entre el discurso de neutralidad y el discurso de mediación impide la posibilidad de dirigir (menos aún resolver) estos problemas concernientes a la práctica ética de dentro del discurso sobre neutralidad o el discurso sobre mediación. Nosotros apuntamos, en este escrito, a pararnos fuera de estos discursos y desarrollar un vocabulario alternativo para evaluar la práctica de la mediación, uno que no se alimente del vocabulario de neutralidad ya existente, sino que invoque y demande una nueva retórica para discutir la neutralidad, proporcionando un criterio nuevo para evaluar la práctica de la mediación. 

Con relación a este objetivo, proponemos la metáfora de la mediación8 como proceso de narración, que define a los conflictos como estructuras narrativas y describe los procesos narrativos en la mediación. Basados en esta metáfora, desarrollamos un vocabulario para examinar la dimensión política e ideológica de la narración en la mediación. Usando una técnica que ideamos para el análisis narrativo llamado «mapear (trazar un mapa)», examinamos la construcción, reconstitución y transformación de narrativas en un caso de estudio durante una sesión de mediación. Habiendo descripto la forma en que las narrativas dominantes colonizan las narrativas alternativas, esto es, habiendo descripto el poder como atributo del discurso; discutimos las implicaciones de la metáfora de la narración en la práctica de la neutralidad en mediación. Nuestro objetivo es proveer un vocabulario nuevo para describir y explicar la interrelación entre el poder y la neutralidad.

La mediación como un proceso narrativo: una metáfora raíz

Si tomamos seriamente la retórica dentro de la mediación, el proceso está diseñado para permitir que personas «cuenten su historia», asumiendo que las soluciones surgirán si las personas sienten que son «escuchadas» y los problemas surgen de sus historias. El interés del mediador no está en el pasado, sino en el presente y el futuro; por esto la historia es un instrumento a través del cual los mediadores pueden trasladar la atención de posiciones retrospectivas y descripciones a historias perspectivas, desconectando el problema de su historia, de sus raíces. De hecho, el objetivo de la mediación es ir más allá de la «historia» y de las «posiciones», rompiendo la relación entre el disputante y su historia en el camino hacia el acuerdo.

En lugar de esta visión instrumental de la historia, nosotros sugerimos que las historias son «representaciones» del pasado en el presente, a través de las que se construyen y negocian identidades, órdenes morales y modelos de relación; las historias son las estructuras discursivas dentro de y a través de las que se constituyen las personas y sus mundos; y por lo tanto las historias son el medio discursivo en el que emergen y se transforman los conflictos. Desde esta perspectiva, no hay forma de pararse fuera o «ir más allá» de la historia que los disputantes lleven a la mediación; sino que el proceso de mediación en sí mismo es el proceso en el que se construyen, debaten y, a veces, transforman las historias.

Caso en estudio

Como parte de la investigación de la práctica de la neutralidad en la mediación, grabamos sesiones de mediación de seis programas de mediación comunitaria; filmamos más de 30 sesiones y transcribimos la mayoría. Este caso en estudio es el análisis de una sesión llevado al programa de mediación por la corte. Una chofer escolar, Kate, hizo una queja contra uno de los niños, Frank, que tomaba su micro todos los días. Kate acusó a Frank de molestarla tanto física como verbalmente. 

En la apertura de la sesión, los mediadores describieron el proceso de mediación y las normas de procedimiento; pidieron a Kate que cuente por qué fue al programa de mediación y qué espera de la sesión. Kate, acompañada de su marido, cuenta una historia elaborada y bien secuenciada sobre el comportamiento del niño en el micro. Kate explicó que siguió los procedimientos apropiados para manejar problemas en el micro, en vano. El clímax de su historia fue el momento en que Frank la «empujó», obligándola a parar el micro en el camino y llamar a la policía. Cuando el mediador le pregunta qué espera de la sesión, se esposo responde: «Estamos hoy acá por mí. Nadie va a empujar a mi esposa.» En conjunto, la solución que Kate y su esposo proponen es: Frank no debe ir en el micro por este año y el caso debe continuar en caso de que Frank encuentre otra forma de molestarla.

Los mediadores luego preguntaron a Frank, ¿Qué te trae aquí esta noche? El niño, de 9 años, responde: «Lo que ella dice sobre mí en el micro, ni siquiera estaba en el micro». El resto de su corta narrativa está compuesta por una serie de episodios, desordenados, que cuentan sus intentos por lograr las demandas irracionales de ella y mantenerse fuera del camino. Cuando se le preguntó que esperaba de la sesión, dijo que todo lo que quería era que cada uno estuviera fuera del camino del otro. 

Se le pidió a la madre de Frank que opine y comenzó culpando al colegio por no informarla a tiempo sobre los problemas de comportamiento de su hijo. Agregó que el colegio no apoyó académicamente a su hijo y sentía que esto era un síntoma de la mala gestión de los problemas de los niños. 

Luego de dos sesiones privadas, se llegó a un acuerdo: Frank debía ir en otro micro hasta el final del año escolar, bajo la insistencia del marido, la corte debía continuar con el caso por tres meses, como seguro.

Caso de estudio: métodos alternativos de mediación. El caso de la cofer de autobús escolar.

Los conflictos como estructuras narrativas

Un conflicto o un problema tiene estructura narrativa; en el discurso hay eventos cuya secuencia tiene alguna lógica causal (argumento) que establece roles en personas (personajes), y llevan a algún resultado (tema). En el caso que examinamos en este escrito, una mujer chofer de un micro acusa a un niño de desobediencia y desorganización en su micro escolar; ella cuenta la secuencia de eventos, describe el rol de todas las personas, y construye un marco moral en el que el niño es «malo».

Como estructuras narrativas, los conflictos muestran propiedades sistemáticas -esto significa que funcionan como un sistema-. Específicamente, los conflictos o problemas son historias que regulan su propio significado y no provee interpretaciones alternativas; funcionan auto poéticamente -autorregulan sus propias interpretaciones-. Por ejemplo, la historia de la mujer chofer sobre el comportamiento del niño es efectiva como historia porque anula la posibilidad de múltiples interpretaciones; en su historia, Frank -el niño- es malo, no confundido, estúpido o enfermo mental. De esta forma, la historia inicial provee el marco interpretativo para la sesión y, así, estructura todas las historias subsecuentes. El hecho de que las narrativas de conflicto tengan una conclusión intensifica el modelo del adversario invocado por la historia inicial precisamente porque una historia excluye a la otra. 

En la mediación comunitaria, se presenta el conflicto en la primera narrativa; usualmente contado por la persona que introdujo la queja ó que contactó primero los servicios de mediación. Esta «narrativa primaria» establece las secuencias del argumento, la lógica causal, los roles de los personajes, y los temas que los involucrados usarán para contar sus propias historias de justificación, negación o excusa. Esta es una función de las normas de la práctica de la conversación que requiere que los involucrados «enlacen» su historia en las estructuras narrativas provistas por segmentos narrativos anteriores, para hablar con coherencia. 

La narrativa primaria exhibe las condiciones antecedentes que llevó a la condición de desorden en el mundo social, esto es, el problema o conflicto; en la historia se establecen normas que luego una o más personas violan (usualmente intencional según la historia). Las condiciones que llevaron o siguieron a la violación a veces se desarrollan dentro de las estructuras narrativas unido a la línea narrativa principal, funcionando como sub-argumentos. Un sub-argumento es una narrativa que elabora una porción del argumento en la narrativa principal; generalmente se relatan como soportes lógicos a la narrativa principal. 

Encontramos en el análisis de nuestra información que frecuentemente el segundo en hablar en la sesión de mediación cuenta una historia que funciona como sub-argumento de la narrativa principal. Por ejemplo, luego de que la mujer chofer contara la historia sobre el comportamiento de Frank, el niño eligió porciones de su argumento para reordenar y redefinir: él dice que no la «empujó», como ella acusó, él solo «movió su brazo». Esta historia está situada como un sub-argumento en la narrativa principal, en la historia de la mujer chofer.

A pesar de que la narrativa principal provee el fundamento semántico en el que las narrativas subsecuentes se deben construir, es posible para los involucrados exponer una narrativa alternativa que no funcione sólo como sub-argumento, una narrativa soporte dentro de la estructura de la narrativa principal. Las narrativas alternativas acceden a alguna porción de la narrativa principal y luego utilizan esa porción para desarrollar un argumento diferente, roles nuevos para los personajes y, más importante, un nuevo orden moral -el esquema para evaluar qué está bien y qué mal, qué es correcto e incorrecto-. La narrativa alternativa provee una definición alternativa del problema/conflicto, lo que nos lleva a fundamentos alternativos sobre los que construir la historia perspectiva utilizada para lograr el acuerdo. Por ejemplo, en este caso, la madre de Frank utiliza la narrativa principal sobre el comportamiento en el micro, relatada por la mujer chofer, para sugerir que el colegio no la informó sobre el problema ni siguieron los procedimientos trazados para ayudar a la mujer chofer. Esta historia sobre el rol del colegio en el conflicto proveyó un argumento alternativo, roles nuevos para los personajes y nuevos temas; como historia alternativa podría haber provisto el marco narrativo para la construcción del acuerdo, pero, finalmente, no lo hizo. Esto nos muestra la importancia no sólo de las estructuras narrativas que organizan el discurso en la mediación comunitaria sino también de los procesos narrativos por medio de los que se narran las historias. Estos son fundamentalmente procesos interactivos que describiremos en la próxima sección.

Procesos narrativos: Construcción, Debate y Transformación.

Las narrativas se construyen conjuntamente en las sesiones de mediación. ¿La pregunta inicial del mediador, “Qué te trae?» o «Por qué no empiezas contándonos algo sobre el problema desde tu punto de vista?» sirve como invitación a una historia. La narrativa resultante se desarrolla en dos dimensiones simultáneamente: el argumento despliega la narrativa a tiempo mientras la narrativa construye contextos para su propia interpretación jerárquicamente. Por ejemplo, la historia de la mujer chofer organiza una secuencia de eventos: primero el niño pendenciero en el micro, luego ella le dijo que se sentara al frente del micro y él no lo hizo, luego él intentó escupirla, luego, otro día, ella intentó impedir que suba al micro y él la empujó. Mientras tanto se construye una historia que regula la interpretación de estos eventos: los choferes son sirvientes públicos y los niños son inmanejables por naturaleza; queda a criterio de los adultos responsables castigar a los niños cuando no se comportan -de otra forma no aprenderán a comportarse-9. Las historias sobre la secuencia de eventos regulan la interpretación de eventos. De esta forma, la narrativa principal establece un argumento y un marco interpretativo para el argumento.

El segundo en hablar frecuentemente (inconscientemente) elabora la narrativa principal. Es una historia (construida también vía preguntas y comentarios con el mediador) que expone de nuevo alguna porción de la narrativa principal. El que habla en segundo lugar10 utiliza «términos de acceso» (palabras clave en las que se apoyan los temas de la historia), para conectar su historia con la narrativa principal. En nuestro ejemplo, el niño comienza negando haber «empujado» al chofer. El comienza aquí porque, desde una perspectiva narrativa, el significado del episodio de «empujar» es central para toda consecuencia que resulte de la sesión de mediación. Que sea suspendido ó castigado por su madre ó simplemente reasignado a otro micro depende del significado que se le dé a este episodio; esta lucha sobre el significado se desarrolla alrededor de la palabra de acceso «empujar».

La reformulación de este episodio se desarrolla en los fundamentos discursivos establecidos en la narrativa principal. Pueden simplemente debatir las porciones de la historia, caso en el que están reconstituyendo la estructura narrativa que los mantiene prisioneros, o pueden conseguir transformar la narrativa principal. Esto sólo puede hacerse recontextualizando la narrativa principal. Por ejemplo, la madre del niño utilizó la narrativa principal sobre el comportamiento de su hijo para comenzar otra historia sobre el fracaso del colegio en ayudar a su hijo. En la narrativa nueva, la mujer chofer, la madre y el hijo son todos víctimas de un sistema escolar inadecuado. Ella utiliza el mismo argumento que usó la chofer para iniciar un nuevo orden moral, nuevas palabras para evaluar y nuevos temas: los padres y las personas que trabajan con chicos deben alimentarlos en forma de límites para su comportamiento. La narrativa principal, la de la chofer, fue alterada por una historia nueva que cambia la definición del problema: el colegio es el problema, no el niño.

Narrativas alternativas, como la de la madre, son transformaciones de la principal si y sólo si son elaboradas por todas las partes en la disputa y por el mediador. El esfuerzo colectivo en proponer una narrativa alternativa afianza su adopción con el uso. Si no, las narrativas alternativas se ofrecen y simplemente fracasan en la estructura narrativa provista en la narrativa principal. Las narrativas alternativas elaboradas en forma colectiva generan un nuevo consenso que reorganiza el conflicto por medio de la redefinición del problema.

A veces se ofrecen narrativas alternativas, aunque no elaboradas por otros, que efectivamente reconstituyen la narrativa principal; el segundo en hablar contará una nueva historia no acostumbrada por ninguno de los disputantes o mediadores. En otras palabras, algunos disputantes elaborarán sus historias mientras que otros no; algunas historias están colonizadas por narrativas predominantes, y sus narradores, quedan callados y marginados.  Esto trae preguntas sobre procesos ideológicos en la mediación.

La producción del consenso en mediación

En mediación, los procesos ideológicos son procesos discursivos que limitan la construcción y elaboración de historias alternativas. Salvo se elaboren historias alternativas, se encierra a las personas en identidades de las que no fueron autores y que no pueden transformar. En este caso, la historia dominante se reconstituye al colonizar historias rivales11.

Desde esta perspectiva, las historias son políticas. Establecen las «posiciones» desde las que las personas deben hablar y las consecuencias emanan en el mundo material. Por «posición» nos referimos al lugar moral y social que ocupan en el mundo discursivo y material. Por ejemplo, la mujer chofer se construye con relación a otros choferes, con relación a la familia del niño y con relación al colegio. En conjunto estas descripciones del dominio de las relaciones se insinúan en el dominio moral de los que emergen los «chicos buenos» y los «chicos malos». 

Los «chicos malos» son personas a las que se les asigna una posición negativa por y dentro de una narrativa12. Las posiciones negativas se establecen vía atribución de una intención negativa ó de un rasgo del carácter moral y socialmente inapropiado. Por ejemplo, en nuestro caso, la mujer chofer construye a Frank con un mal comportamiento intencional en el micro e intencionalmente molestándola. Los «chicos buenos» son aquellos con roles apropiados en las historias13; generalmente lo que el narrador dice de sí mismo.  Por ejemplo, la mujer chofer se construye como víctima de Frank y se describe como queriendo ayudar a que el niño cambie14.

Las posiciones positivas generalmente se construyen en relación con posiciones negativas. En mediación, todas las partes luchan por describirse como víctimas; según la lógica de sus historias, ellos no son responsables de los eventos que llevan al problema ó conflicto (eso fue causado por el otro). Por esto frecuentemente vemos posiciones positivas construidas en base a posiciones negativas. Las posiciones negativas son el resultado de «teorías de responsabilidad» en las que una persona (ó un grupo de personas) es responsable del problema ó conflicto. Este fenómeno es evidente en el uso de tiempos verbales: los narradores usan la voz pasiva para posicionarse como víctimas de las acciones de los otros: «Fui escupida por Frank».  De esta forma, ellos señalan su posición como víctimas con relación a la posición negativa del victimario. 

Sarat y Felstiner (1988)15 describen un fenómeno similar en el análisis de las conversaciones entre abogados y clientes en divorcio. Usando la noción de Mill (1940)16 sobre «vocabularios de motivos», describen dos dimensiones en las que se dan la construcción e interpretación de motivos: la «geográfica» y la «evaluativa». La «geográfica» apunta a la forma en que las personas «sitúan acciones y eventos particulares en algún espacio social; esto es, intentan identificar la fuente de esas acciones y eventos». La «evaluativa» se refiere a la aceptación social de estas acciones. La interdependencia entre estas dimensiones es manifiesta, como ellos dicen: «las atribuciones internas se asocian a la culpa, mientras que las explicaciones de los comportamientos en términos situacionales tienden a ser justificativas». En otras palabras, el comportamiento interpretado como socialmente inapropiado es causalmente situado en otros ó en circunstancias fuera del narrador: en cambio, el comportamiento apropiado es causalmente situado en el que habla. La forma en que estos roles se construyen en la conversación produce los patrones de interacción.

En mediación, como en el resto de la vida social, las personas tienen roles construidos por otros. Invariablemente, las personas posicionadas negativamente se van a «mover» para reposicionarse como legítimos y apropiados en el discurso. Para cambiar una posición negativa en positiva, las personas inadvertidamente contribuyen a la producción del consenso que los posiciona negativamente, reconstituyendo la posición negativa con historias de justificación, negación ó excusa. 

Como las posiciones son la evidencia discursiva de la legitimidad ó ilegitimidad y llevan a consecuencias en el mundo material, la lucha por la posición, al nivel del discurso, es el nivel micro equivalente a la noción de Gramci de «la guerra por la posición» en los niveles macro sociopolítico en la cultura. En ambos niveles, «la guerra por la posición» es la lucha sobre definiciones y descripciones de relaciones sociales17.

En mediación, la lucha por la posición se desarrolla en los procesos narrativos y en las estructuras. El primero en hablar invariablemente constituye positivamente a sí, y a los demás negativamente. El segundo en hablar invariablemente lucha por reposicionarse dentro de una narrativa que lo reconstituye como ilegítimo e inapropiado. Estos procesos son claramente ideológicos, pero para ser una descripción política, debemos ser capaces de describir las consecuencias de las posiciones negativas y positivas en el proceso de mediación. Hacia este fin, nos acercamos al análisis de nuestro caso de estudio con tres preguntas: 

  1. ¿Cómo producen las posiciones negativas y positivas la construcción, debate y transformación de narrativas en el proceso de mediación?
  2. ¿Cómo se relacionan «posición» y «participación»?
  3. ¿Qué rol tienen los mediadores, como parte neutral, en la gestión colectiva de las posiciones discursivas?

El examen de estos procesos en mediación provee una base empírica para la re – descripción de la neutralidad como una práctica en el discurso.

Descubrimientos.

Basados en el «mapa» obtenido de las sesiones grabadas, existen descubrimientos relacionados con las preguntas sobre el rol de las posiciones discursivas en los procesos narrativos y el rol de los mediadores en la gestión de esas posiciones. 

Reconstitución: La narrativa principal, establecida por Kate (el primero en hablar) y su marido, la reconstituyen otros disputantes y los mediadores varias veces durante el curso de la sesión. El segundo en hablar, Frank, cuenta su historia sobre el terreno de la narrativa principal; él usa la misma secuencia en el argumento y el mismo orden moral cuando niega las acusaciones hechas en la narrativa principal. Entonces, la descripción del niño de su comportamiento y la situación reconstituyen la narrativa principal.

Como la mayoría de las personas posicionadas negativamente, Frank eligió los dos incidentes usados por el primero en hablar como acusaciones, tales como, escupir y empujar. Se lo puede ver a Frank intentando reposicionarse al negar las acusaciones que lo posicionaron negativamente en el discurso; ¡pero para hacerlo debe hablar desde una posición ya legitimada que él reconstituye en su negación! A pesar del hecho de que Frank acusa a Kate de aislarlo injustamente, su narrativa no hace más que reafirmar la de Kate.

Los mediadores reconstituyen la narrativa principal inadvertidamente cada vez que hacen preguntas del «proceso», «¿Cómo te gustaría que se resolviera? Las respuestas siempre hacen referencia a la narrativa principal, orientan la conversación a descripciones de perspectiva que surgen de la narrativa principal, reconstituyendo las acusaciones.

Las preguntas de «proceso» que el mediador está entrenado para hacer llevan a la reconstitución de la narrativa principal, reconstruyendo y manteniendo las posiciones negativas de Frank y su madre. En lugar de atestiguar la presencia de «coerción» y «control», el dominio y la colonización de una narrativa sobre otra, muestran la presencia de poder en el discurso. La metáfora de la narración permite enfocar los procesos hegemónicos del discurso. Este descubrimiento apoya nuestra idea de que el discurso sobre neutralidad existente impide que el poder trabaje en mediación por enfocarse en individuos e intereses.

Posiciones negativas reconstituidas: El segundo descubrimiento es que las posiciones negativas se reconstituyen e invocan a lo largo de la sesión, a través del dominio de la narrativa principal. En esta sesión de mediación, la chofer establece una posición discursiva negativa para Frank que permanece a lo largo de la sesión. De hecho, la posición negativa de Frank se establece en la narrativa principal y todos los participantes hacen referencia a ella, incluyendo los mediadores, 33 veces. Estas referencias al comportamiento de Frank demuestran que Frank permanece negativamente posicionado hasta el final de la sesión, aunque existe un acuerdo.

De hecho, el acuerdo es presupuesto en la narrativa principal y reconstituye la posición negativa de Frank: 

-Mediador: Kate y Frank acordaron que, (1) Frank no va a subir al micro de Kate en lo que queda del año; (2) durante el resto del año escolar Kate no va a ser molestada por Frank; (3) este caso va a continuar por un periodo de dos meses y si no surgen más problemas, el caso va a ser dejado por Kate. Si firman acá, les daremos una copia a cada uno.

La historia de Frank, construida en sesión privada, no está presente en el acuerdo. Aunque sólo podemos especular sobre la causa de esta ausencia, podemos correlacionar la ausencia de la historia de Frank con el hecho de que esté negativamente posicionado. Nuestra hipótesis tentativa es que las personas que están negativamente posicionadas tienen menos acceso al proceso narrativo porque sus historias no son adoptadas sino colonizadas por la fuerza hegemónica de la narrativa principal. 

Esta hipótesis no tiene en cuenta dos variables del discurso que pueden contribuir a la ausencia de la historia de Frank. Primero, Frank es un niño y llega a la sesión con menor acceso al proceso narrativo, ya que las historias de los adultos tienden a dominar las de los niños. Segundo, la narrativa de Frank es mucho menos coherente que la de Kate – la secuencia de su argumento está desordenada y no da una razón para el comportamiento de Kate-. Por lo tanto, no es accidental que otras personas no adopten su historia o la incorporen en la suya, ya que no es accesible.

Los procesos discursivos en los que se da la dominación no son visibles en el discurso de neutralidad actual que pone el poder en los individuos, manifiesto en conflicto, en lugar de en consenso. Al no responder a los procesos hegemónicos del discurso, la retórica actual de neutralidad contribuye a la dominación, colonización y marginación.

Narrativas alternativas y Colonización.

Los disputantes pueden usar la narrativa principal para adelantar narrativas alternativas. Esto sucede cuando los disputantes usan una porción de la narrativa principal para construir un nuevo orden moral y ofrecer nuevos temas que organizan el discurso; como los componentes de la narrativa son independientes, los cambios de argumento o temas se acompañan de cambios en los roles de los personajes. En este caso, la madre de Frank elabora la porción de la narrativa principal relativa al rol del colegio en el problema. Originariamente, la chofer culpó al «sistema» por no responder a tiempo. La madre se basa en estos episodios del argumento y del proceso, ofrece una nueva definición del problema que mitiga su posicionamiento negativo según la narrativa de la chofer. El hecho de que esta alternativa la construyen todos los participantes (menos Frank) contrasta con la permanencia de la narrativa de Frank sin ser elaborada ni oída.

En conjunto, se construyó una historia alternativa; se definió un nuevo problema, específicamente, se estableció una nueva lógica causal y un nuevo orden moral: los padres y los colegios deben trabajar juntos por el bien de los chicos.

En esta historia alternativa, se establecieron nuevas posiciones discursivas que alteran las posiciones por estar construidas sobre la narrativa principal: el esposo de la chofer estableció una posición negativa para la madre al sugerir su desatención a los problemas del hijo. La acusación planteada es que la madre no reaccionó con responsabilidad al no responder a la situación. Esta es claramente una posición negativa -él no sugiere (como hizo su mujer antes) que la madre no recibió las críticas al comportamiento de su hijo por lo tanto ignoraba el problema y podía ser culpable de no responder-. En su declaración él presume acción intencional -la madre ignoró intencionalmente las críticas- y está causalmente implicada según la lógica de su narrativa.

Basándonos en el conocimiento práctico, sabemos que la madre va a moverse para reposicionarse, y lo hace. De hecho, como la mayoría de los disputantes posicionados negativamente, sus primeros comentarios en la sesión responden la acusación del marido. Ella establece de inmediato que actuó rápida y responsablemente al contactar al colegio y esforzarse en manejar el incidente. Es interesante notar que la madre logra reposicionar a su hijo al referirse al episodio de «empujar» como «incidente» -término sin significado peyorativo-. Ella también logra alterar su posición discursiva, no llamando a la chofer mentirosa (como hace Frank en la sesión privada) sino al reformular el problema: el colegio falló en ayudar apropiadamente a su hijo. Esta reformulación funciona como una narrativa alternativa que no se centra en el mal comportamiento de su hijo.

El mediador toma esta narrativa alternativa, ayudando a los disputantes a elaborarla. Por ejemplo, ellos hacen preguntar sobre las citas que los directivos del colegio no cumplieron. En otro punto, el mediador describe al principal del colegio como «no muy útil»; de esta forma los mediadores participan en la producción del consenso en esta narrativa alternativa. 

De todos modos, nuestra información demuestra que los mediadores no usan esta narrativa alternativa en la junta; usan la narrativa principal exclusivamente.

Trabajando con la metáfora raíz de la narración, está claro que la junta es la oportunidad de elaborar múltiples narrativas alternativas; en otras palabras, es el momento en que los mediadores pueden experimentar con la construcción de una historia, jugar con extensiones de la perspectiva y tejer secuencias de argumentos desde la narrativa principal hacia la alternativa. La junta es un momento para practicar la narración.

El hecho de que estos mediadores utilizaran la junta para mencionar una narrativa a través de la otra, el hecho de que una narrativa domine a la otra, el hecho de que Frank permanezca negativamente posicionado y callado, justifican la afirmación de que las historias son procesos discursivos políticos y, por lo tanto; ideológicas. Nuevamente, estos procesos no son visibles dentro de la actual retórica de neutralidad. Ahora que construimos una base empírica para la metáfora raíz de la narración, examinamos las implicancias de esta perspectiva en la práctica de neutralidad y en el proceso, proveemos una economía discursiva alternativa para la neutralidad.

La neutralidad como una práctica discursiva: La gestión de historias

Si aceptamos a la mediación como un proceso narrativo; una práctica de conversación e interacción, la neutralidad puede describirse como una actividad en el discurso -una práctica discursiva que se ocupa de los procesos de dominio y colonización. Como tal, la neutralidad incluye la gestión de historias y de las posiciones de los disputantes en esas historias. Mostramos que los conflictos son historias que, al narrarse, (1) generan un contexto de adversidad, (2) en las que una o más personas son posicionadas negativamente (3) reducen su acceso al proceso de narración, silenciando y marginando su historia efectivamente. Esto conduce a acuerdos que son representaciones de las posiciones no legitimadas de los disputantes y a la producción del consenso en la que los no legitimados redujeron su acceso a los procesos narrativos, delimitando sus oportunidades de posiciones legitimadas en el discurso y en el mundo material.  Basándonos en nuestra descripción de la mediación como proceso narrativo, la neutralidad es ese conjunto de prácticas discursivas que (1) facilitan la narración, y (2) incrementan el acceso al proceso narrativo a aquellos negativamente posicionados en la narración principal. Aunque los mediadores no describen a la mediación en estos términos, ellos lo practican, como mostramos. Ellos lo hacen a través de preguntas que (1) invitan a contar una historia, (2) secuencian los eventos en orden causal, y (3) establecen roles para los personajes, a través de posiciones discursivas. Los mediadores facilitan la narración. De todas maneras, en este caso, ellos son poco adeptos para reposicionar a los disputantes en forma positiva; como notamos, ellos usan una historia en la junta y literalmente construyen un acuerdo basado en la narrativa principal. El consenso que ellos ayudan a lograr (la fuerza hegemónica de su trabajo) menciona una narrativa sobre la otra, en lugar de tejer dos narrativas juntas para construir posiciones discursivas positivas para todos los disputantes. Ellos adoptan el orden moral ofrecido en la narrativa principal y lo usan en las preguntas que hacen al segundo participante. Ellos participan efectivamente en la marginación de uno de los disputantes. Sostenemos que esto sucede por el discurso actual de neutralidad que limita a los mediadores en la gestión de las historias. Sobre la base de este discurso, los mediadores evalúan su práctica usando la «imparcialidad» y la «equidistancia» como barómetros de su éxito en evitar prejuicios. Sin embargo, si examinamos el proceso de narración, vemos al dominio y a la colonización, procesos que el discurso de neutralidad procura regular. Sobre la base de la perspectiva de la narración que desarrollamos; el poder es un atributo del discurso, en lugar de un atributo de los individuos, manifiesto en el consenso, en lugar de en los conflictos. Estas asunciones sobre el poder alteran radicalmente el discurso existente de neutralidad que intenta «balancear el poder» y «evitar prejuicios». Este nuevo discurso de «la neutralidad como práctica discursiva» usado en la gestión de historias clarifica las relaciones de poder entre historias y posiciona políticamente al mediador como un agente de cambio. La nueva definición de la neutralidad como práctica discursiva18  politiquea la neutralidad -politiquea el discurso que se mantuvo activamente fuera de los límites de toda actividad política-. Al observar la forma en que los mediadores participan en la construcción de historias, emerge un nuevo vocabulario para la evaluación de la práctica de la mediación -un vocabulario que provee campos semánticos alternativos para la discusión de la práctica de la neutralidad en mediación.

Citas y referencias:

  1. Al publicar este artículo de Cobb-Rifkin incorporo a esta página un trabajo de invalorable interés. Si bien ha sido escrito relacionándolo con el método de la mediación, sus conceptos alcanzan a todos los procesos autocompositivos y a los construidos bajo el paradigma de los sistemas, como el modelo de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos (AyGEC). El lector encontrará aquí temas que exceden el título, como la estructura de las narrativas, los procesos narrativos, los estándares éticos en el manejo de las narrativas, el poder y la neutralidad, la construcción de significados, los procesos narrativos ideológicos, y, sobre todo, los alertará sobre los peligros de los manejos de las narrativas que ignoran la colonización de las historias y no proveen legitimación.
  2.  Precursora del modelo circular narrativo en mediación y resolución de conflictos. Es profesora y directora del Centro de Análisis y Resolución de Conflictos de la Universidad George Mason de EE. UU. Investigadora sobre la relación entre la narrativa y los conflictos violentos. Ex directora del programa de mediación de la Facultad de Derecho de Harvard e Investigadora en las Universidades de California, Santa Bárbara, Connecticut y, más reciente, en Ámsterdam. Formadora en organizaciones públicas y privadas como el Alto Comisionado de Naciones Unidas para el Refugiado (ACNUR), Exxon, La American Bar Association, Fox Learning Academy, así como en gran número de universidades europeas y de América Latina. Al unir su labor académica como docente e investigadora de los procesos narrativos con su experiencia práctica de trabajo de campo como coordinadora, negociadora y mediadora, la doctora Cobb es un referente del campo de la resolución de conflictos. Su labor es fundamental para el desarrollo del propio ámbito, mediante el «giro narrativo».
  3.  Janet Rifkin es profesora emérita de Estudios Jurídicos en la Universidad de Massachusetts en Amherst. También fue decana de la Facultad de Ciencias Sociales y del Comportamiento. Se graduó en el Sarah Lawrence College y en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York. Su principal área de especialización es la resolución alternativa de conflictos. De 1992 a 1996, fue defensora del pueblo del campus de Amherst de la Universidad de Massachusetts. Anteriormente, fue directora del Proyecto de Mediación de la Universidad de Massachusetts. Ha recibido subvenciones de la Fundación Hewlett, el Fondo para la Investigación sobre Resolución de Conflictos y la Fundación de Massachusetts para las Humanidades. La profesora Rifkin ha escrito extensamente sobre resolución alternativa de conflictos y ha impartido numerosos programas de formación para mediadores. Forma parte de los consejos editoriales de Mediation Quarterly y del Ohio State Journal of Dispute Resolution. Es cofundadora de la Asociación Nacional de Mediación en la Educación (NAME), asesora del Comité de Resolución de Conflictos de la Asociación de Abogados de Estados Unidos y miembro de la junta directiva de la Asociación Nacional de Justicia Comunitaria. Centro de Tecnología de la Información y Resolución de Disputas (CITDR) Asociación para la Resolución de Conflictos (ACRNET) Abogados en la Cultura Pop.
  4.  La idea es que el discurso de neutralidad precede a todo discurso en mediación y de hecho la aparición de ADR sólo fue posible porque el discurso de neutralidad se legitimó en la práctica legal.
  5.  El poder es visto como un «modo de operación físico y mental», esto es, coerción y persuasión, por esto prevalece la subjetividad en el lenguaje y las metáforas usadas en el discurso del poder. Esta subjetividad literalmente idealiza al poder mientras crea humanos como individuos autónomos, «sujetos» a controlar y dominar. El discurso de neutralidad depende de los términos psicológicos necesarios para describir y discutir los procesos mentales que pertenecen a la coerción y a la persuasión.
  6.  El mediador tiene la responsabilidad de promover la consideración por parte de los participantes de los intereses de los chicos y otras personas afectadas por el acuerdo. El mediador también tiene el deber de ayudar a los padres a examinar, además de sus propios deseos, las necesidades distintas e individuales de tales personas. 
  7. La naturaleza psicológica del «vocabulario de neutralidad» se centra en los procesos intrapsíquicos; como parte de la crítica a este discurso hacemos notar que no hay una norma desarrollada por SPIDR para identificar cuando un interés no está representado. Los intereses no son fenómenos en la cabeza de los individuos, son construcciones sociales que surgen de la conversación, en interacción. Así los mediadores pueden crear intereses y luego representarlos, pero esto implica que los mediadores están más comprometidos con la formulación del conflicto que lo que sugiere esta retórica sobre mediación.
  8. Invito al lector a leer «La metáfora mediación» en Calcaterra, R.A., Mediación estratégica, Editorial Gedisa, Barcelona, 2002, pp.31/46 y las notas al final del capítulo números 21, 22, 26, 31.
  9. Este marco interpretativo se construyó con pedazos de grandes mitos culturales sobre los chicos, mitos que son artefactos culturales e históricos. Son, en cualquier cultura, un montón de historias que los actores pueden usar para «empaquetar» su narrativa dentro de narrativas preexistentes ya legitimadas en la cultura. Ambas dimensiones del desarrollo de la narrativa, estructuras jerárquicas para la interpretación y estructuras diacrónicas se construyen a través de la conversación, en interacción.
  10. Como muchos casos involucran múltiples partes que representan una parte de la disputa, nuestro término «el segundo en hablar» no se refiere a la segunda persona que habla que puede ser un familiar del disputante o un abogado. Sino que nos referimos a la persona que representa a la segunda parte de la disputa.
  11. Una historia no puede reconstituirse totalmente; toda narración está contextualmente limitada a un tiempo, espacio y narrador, que demarcan el significado de la historia y los patrones de interacción resultantes. De todas maneras, desde una perspectiva pragmática, se reconstituye una historia si en su narración se utilizan posiciones discursivas y normas morales adelantadas en una narración anterior.
  12. Notamos que, en las sesiones de mediación comunitaria examinadas, nadie se dio a sí misma una posición negativa.
  13. Notamos que en las sesiones examinadas las personas raramente establecen posiciones positivas para otros y casi siempre lo hacen para sí mismas. De todas maneras, esto no implica que todas las posiciones positivas se elaboran y usan; algunas se cuentan, pero nunca la elaboran otros.
  14. Es fascinante notar que Frank no había tomado el micro de Kate por un mes antes de la sesión; él había dejado de tomar el micro luego del «incidente». Esto significa que Kate y su marido elevaron una queja luego de que Frank ya no tenía oportunidad de molestar. Este hecho recontextualiza la queja de Kate; cuando el mediador sugiere que no hay razón para discutir qué micro Frank debía tomar (ya que no tomaba el de Kate), Kate y su marido dicen que el motivo real de la queja era «darle una lección al niño».
  15. Sarat, A. y Felstiner, W.L.F., Law and Social Relations: Vocabularies of Motive in Lawyer/Client Interaction (Ley y relaciones sociales: vocabularios de motivos en la interacción abogado/cliente, Law y Society Review, vol.22, nro.4, pp.737/770.
  16. C.Wright Mills, Acciones situadas y vocabularios de motivos, Cultural Apparatus.
  17. Gramsci, A., Cuadernos de la cárcel, 1920.
  18. El nuevo discurso sobre neutralidad llevó a Cobb a definirla como la práctica de la multiparcialidad. Nuevamente invito a leer el trabajo citado en IV y, especialmente, las notas al final del capítulo números 32 y 33 en las que explico lo que las autoras denominan la paradoja de la neutralidad.

Deja una respuesta