El modelo estratégico de mediación. Supuestos y fundamentos.

1Repasando viejos trabajos me encontré con este artículo, escrito a finales del año 2002, meses después de la aparición de mi libro Mediación Estratégica publicado por la Editorial Gedisa en Barcelona, durante el mes de abril de ese año, libro que junto a Teoría de Conflictos de Remo F. Entelman, inauguró la colección PARC de la editorial, serie coordinada por Raúl Calvo Soler. Me parece interesante incorporar a esta página web este trabajo, porque en él se exponen con frescura los fundamentos de un modelo guiado por las motivaciones de una época que trabajaba con los métodos, que fueron anticipatorios a toda la evolución de mis investigaciones a partir de los sistemas. Y porque incluye las semejanzas y diferencias con los modelos que circulaban por aquellos años.

Introducción

La primavera italiana de 1989 marcó el comienzo de un proceso de investigación que, a nivel micro y a través del método de la Mediación, se propuso desarrollos a nivel macro relacionados con el Análisis y la Gestión de los Conflictos.

Esos desarrollos vieron la luz en Barcelona, España, a comienzos del año 2002, con la publicación del modelo estratégico de mediación2, a través del cual, en realidad, se expusieron los resultados de aquellas investigaciones a nivel macro comprensivas de una operación mental más amplia que sólo excluye la prevención.
Como toda construcción que aspira a otorgarle un campo disciplinario propio a lo que todavía se presenta como una práctica novedosa, el proceso demandó la apropiación de saberes provenientes de diferentes disciplinas y la necesidad de superar la dificultad inicial e inevitable de la carencia de una práctica propia en términos cualitativos y cuantitativos suficientes.3

Es decir, fue necesario superar la limitación que se produce cuando la práctica es todavía insuficiente para informar a la teoría, cuya ausencia, a su vez, provoca el desarrollo de una práctica sin leyes que la gobiernen.

Lo primero fue contar con desarrollos teóricos acerca del fenómeno conflicto que dieran cuenta de él desde una perspectiva genérica y no constreñida a contextos determinados, guiado por la aspiración de darle al método mediación un modelo capaz de ser aplicado a todos los contextos, partiendo de la idea que la mediación es una sola4, existiendo solamente especificidades en el acto de mediar.

Las investigaciones que venía llevando a cabo en la Argentina el profesor Remo F. Entelman, conocidas por nosotros a través de sus papeles de trabajo generosamente distribuidos por él, constituían un valioso e imprescindible aporte, pero esas investigaciones no habían podido superar teóricamente, todavía, el corsé que la utilización del lenguaje de la Teoría de los Juegos al conflicto provocaba en el plano de los métodos de resolución, porque, emparentados los conflictos puros o de objetivo único con los juegos de suma cero, sólo permitían suponer resultados del tipo ganador / perdedor y, peor aún, resultados en los que todo lo que gana uno es igual a lo que pierde el otro, más allá de las afirmaciones del propio Entelman en el sentido que no estaba clara la distinción entre conflictos puros e impuros –o de objetivo múltiple- y que no existen conflictos de suma cero, porque le resultaba muy difícil admitir que la especie de relación social conflicto pudiera arrojar un solo ganador y un solo perdedor o se resumiera a un solo set de metas igualmente visualizadas como incompatibles por todos. Toda esta especulación teórica, si bien por un lado nos permitía alentar la esperanza de encontrar abordajes que incluyeran algún grado de colaboración en el tratamiento de estos conflictos, por otro lado, no aclaraba la cuestión acerca de la existencia o no de este tipo de conflictos, lo que, a su vez, al no poder incluirlos de manera indudable en los desarrollos, los dejaba afuera, circunstancia que un modelo con tales aspiraciones no se podía permitir.

La ruptura del corsé y la apertura definitiva a la posibilidad de construir modelos bajo el supuesto de que el universo de los conflictos puede ser tratado buscando soluciones satisfactorias para todos, tuvo lugar con el aval del propio Entelman, quien, en una muestra de honradez intelectual, finalmente afirma: “Debí haber comprendido en aquel momento que lo que ocurría era simplemente que la clasificación no tenía utilidad a los fines del estudio de los conflictos con miras a generar técnicas idóneas para su resolución”, para concluir que “no hay relaciones que se agoten en un solo objetivo igualmente valorado como incompatible por los actores en pugna. Lo cierto es que la pareja conceptual suma cero – suma variable no es aplicable al conflicto. Y que sí existen conflictos de objetivo único”.5

A partir de allí, fue posible dar cuenta de un modelo que ya estaba estructurado utilizando los nuevos paradigmas en comunicación, en las teorías del Conocimiento, del Caos, de la Cibernética, del Pensamiento Complejo, de la Información y sus capítulos de la Inteligencia y la Estrategia y de la Negociación, emparentados de la siguiente manera:

       A.- El profesor Pierce sostiene que el lenguaje construye el mundo a partir del reconocimiento de la función formativa positiva que le atribuye al lenguaje, de tal forma que cuando nombra no solo designa, sino que llama a las cosas a ser lo que son.6 Para el modelo estratégico resulta decisivo este enfoque porque el trabajo del mediador a lo largo del proceso es un trabajo de análisis de las narrativas pre – existentes y de co-construcción con las partes de nuevas narrativas.

        B.- Von Glasersfeld, a partir de los trabajos de Heinz von Foerster sobre “codificación indiferenciada” como cualidad de los sistemas nerviosos, dice que carece totalmente de sentido afirmar que distinguimos unas cosas de otras por la información que proviene de lo que hemos dado en llamar el mundo externo7. Para el modelo estratégico de mediación, estas investigaciones tienen importancia en la medida que corroboran que el conflicto no está en los hechos, sino en las historias que cuenta la gente, historias que, a su vez, dependen de cómo cada uno percibe el conflicto.  

        C.- Citando a Prygoyine8, Morín9 sostiene que el origen del mundo es la resultante de la dialógica del orden y del desorden. Este principio le permite al modelo estratégico plantearse un método de abordaje del conflicto que no dependa pura y simplemente del orden, como en los métodos de resolución por adjudicación, sino también del desorden que supone toda libertad, en este caso, la libertad de intercambiar cara a cara los términos en que el conflicto consiste por parte de los involucrados, sin que nadie resuelva por ellos.

        D.- Refiriéndose a los caracteres de la mediación, el modelo dice que, en el nivel verbal, la mediación es presentada por el mediador como una experiencia que refuerza la libertad decisional, la autonomía y la independencia, pero, en el nivel contextual, induce a las partes a someterse a un proceso altamente estructurado, dirigido por él bajo reglas bien precisas. Esta estrategia de desdoblamiento de roles resulta cibernéticamente eficaz en cuanto favorece la inclinación inherente a cualquier sistema a adherir a fenómenos de cambio o de sólida estabilidad.10

        E.- La epistemología de la complejidad señala dificultades empíricas y lógicas en el desarrollo del pensamiento complejo11. Una de las dificultades empíricas de la complejidad está dada por el paradigma de la simplificación que, al enseñar a separar, también apartó el objeto de su entorno y aisló al observador de lo observado; ésta es la razón profunda por la que otros modelos colocan al mediador fuera del sistema conformado por el mediador y las partes, mientras el modelo estratégico integra el sistema y coloca al mediador dentro del mismo sistema, con lo que lo obliga a observar y a observar-se, en un permanente retorno auto observativo y autocrítico. A su vez, la dificultad lógica aparece cuando la disyunción deductiva no puede dar respuesta a los fenómenos y ellos conducen a contradicciones insuperables, a partir de un pensamiento excluyente de alguna de las proposiciones. El modelo estratégico ha adherido a la idea de pensar los fenómenos como complementarios, como una complejidad que no se puede soslayar, porque buena parte de la técnica de construir acuerdos consiste en transformar el carácter excluyente de la posición del otro con que las partes comienzan el abordaje de sus diferencias.

        F.- Para obrar de manera estratégica mediante la integración y el empleo de los datos cuyo acopio proviene de la información, el modelo exige como paso previo el procesado inteligente de los mismos a través de su categorización y ordenamiento.12

    G.- Los aportes de autores como Raiffa13 y Davis14 le permiten al modelo operar a partir del entendimiento de la negociación como un juego de motivaciones mixtas e integrar los dos tipos de regateo, el distributivo y el integrativo. La utilidad de estas especulaciones radica en el hecho de que, en la práctica, la mayoría de las negociaciones se plantean de una manera distributiva y, aunque la situación no es de suma cero, las partes se comportan como si lo fuera.

De esta manera, el modelo integró una serie de postulados teóricos para que la práctica, que dejó de ser intuitiva, pudiera a su vez devolver una generosa información a la teoría, superando la limitación y permitiendo, así, la conformación de un modelo que integra los postulados de sus colegas de la Escuela de Harvard15, del Circular Narrativo16 y del Transformativo17, sin ser ninguno de ellos18.

Si bien el modelo es el resultado de la apropiación de esos saberes y de la interacción entre la teoría y la práctica, siento que debe exponérselo ahora a la consideración de los especialistas.

Supuestos y fundamentos

La idea del proceso

El modelo estratégico sostiene que la mediación es, sobre todo, un proceso formal19 que trasciende el contenido del conflicto que se pretende resolver. Este primer supuesto fundamenta una organización de proceso altamente estructurado cuyo manejo demanda un conocimiento técnico operativo de sus etapas, estadios y pasajes que, sintéticamente puede resumirse de la manera que sigue. Durante la etapa I –Preliminar-, todo el primer estadio de la Convocatoria informa estrategias acerca de quién convoca y cómo convocar. Incluye la entrevista previa destinada a evaluar el caso y acordar los términos de la mediación (elección del mediador, determinación de los honorarios y de su forma de pago, quiénes asistirán al proceso y el alcance de las cuestiones a tratar en él). La entrevista previa opera como un verdadero modelado del proceso en la medida que reúne información básica al mediador, trabaja la derivación y la reticencia y provee a las partes la primera estructuración de la tarea. Sus objetivos son generar y preparar el proceso y predisponer a las partes. La etapa II –Enmarcamiento de la disputa- incluye los estadios Propedéutico y Exploratorio. El primero de ellos se propone contextualizar y estructurar el proceso, generar en las partes seguridad y confianza tanto en el proceso como en el mediador y en la mediación como método, construir una alianza de trabajo y crear el espacio para una recíproca evaluación mediador/partes. Sin perjuicio de la disposición del ambiente, el pasaje central de este estadio es el discurso inicial del mediador, que estratégicamente acepta el conflicto que traen las partes, lo legitima y redefine así percepciones; refiere la esencia, la estructura y las reglas del proceso, así como la ideología de la mediación; define roles, realiza maniobras de anticipación, de control del proceso y de devolución del poder a las partes. El segundo, se centra en la búsqueda de datos, en la definición y descomposición de los problemas y en la delimitación de las áreas de acuerdo y de desacuerdo. Aquí comienza el trabajo del mediador con las narrativas, que constituye una de las herramientas centrales del modelo, así como la pesquisa de las palabras clave que, una vez aisladas, le servirán de orientación y guía durante todo el desarrollo del proceso. La etapa III –Actuación de la Disputa-, abarca los estadios de Deconstrucción del Conflicto, de Reconstrucción de la Relación, Negocial y Decisional. El primero de ellos tiene por finalidad desarrollar y analizar el conflicto, identificar cuestiones, posiciones, intereses, necesidades y valores de las partes. El mediador trabaja aquí sobre la comunicación, sus contenidos y niveles y el manejo de la información. Se intensifica el trabajo sobre las narrativas, tanto en el análisis de la estructura del discurso de las partes como de la intervención en el proceso de contar la historia y en el contenido de la misma, a través de la movilización de los recursos que procuran la legitimación y la alteración de las pautas interaccionales, sin perjuicio de destacar la importancia de la escucha activa, la lectura de los mensajes a niveles verbal y corporal, la reformulación de las cuestiones, la paráfrasis, el resumen y la técnica de formulación de preguntas. El segundo de ellos se propone la redefinición de interacción y contexto a través de la presentación de la historia alternativa. El tercero se dirige en forma directa a generar ideas y a la búsqueda de opciones resolutivas, apoyando sobre los pilares de la flexibilidad, la innovación y la creatividad. El modelo provee aquí técnicas de facilitación tanto para enfrentar estilos competitivos como colaborativos. Finalmente, el cuarto, trata de la decisión informada como pauta reguladora de acuerdos estables y duraderos. La IV etapa –Cierre del Proceso- comprende dos estadios y ambos abarcan dos supuestos: el primero distingue entre la necesidad de Puesta de Límites, con los pasajes de reflexión y de impasse y el supuesto de Acuerdo; ambos conectan con el último de los estadios, el de Clausura, que también discrimina entre el supuesto Sin Acuerdo, con las previsiones de envío o no envío a otro sistema y el Acuerdo que contiene previsiones sobre la elaboración de los preliminares y la revisión jurídico-legal del mismo. La etapa sugiere técnicas para motivar el acuerdo, lo cual informa que ella comienza mucho antes que el momento mismo de la mera clausura por acuerdo o por desacuerdo.

La idea de proceso como recurso.

Planteado el proceso con esas exigencias, el modelo hace del mismo proceso un recurso estratégico que no solo informa al operador acerca de cosas que hay que hacer antes y otras después, sino que opera a modo de verdadero auto control para revelar la conveniencia de avanzar hacia la siguiente etapa o la inconveniencia de ello por carencia de la anterior20.

La idea de proceso como recurso estratégico.

Todo proceso estratégico implica que quien lo opera obre de una manera estratégica, es decir, que organice un plan general de trabajo a partir del conocimiento que obtenga a través del procesamiento de la información que recoge del propio caso y que, en función de ello, fije metas y elija tácticas, lo que incluye tener en cuenta que también existe una estrategia de las partes21.

La idea de proceso narrativo.

El modelo sostiene que la información que permite el conocimiento del caso está contenida en las narrativas de las partes porque el conflicto no está en los hechos sino en cómo ellas los cuentan22. El modelo ha cuestionado las teorías que ubican al origen del conflicto como una patología social y lo ha concebido como un fenómeno social que, como tal, comprende varias realidades23. Todo ello fundamenta mantener al sistema conflictivo bajo un foco permanente basado en los patrones de interacción24 y trabajar a partir de las narrativas de las partes con un diseño cuya estrategia es la legitimación de todas las historias a través de la co – construcción de una historia alternativa, lo que coloca al mediador actuando desde adentro del sistema que conforma con las partes, mediante el desarrollo de la circularidad25.

Los motores del proceso.

Más allá de la estructuración del proceso en etapas, estadios y pasajes, todo el proceso está atravesado por tres ejes conductores: la deconstrucción del conflicto, la reconstrucción de la relación y la co – construcción de la solución La deconstrucción, si bien está más relacionada con el análisis del conflicto, también ingresa en el círculo de la reconstrucción; a su vez la reconstrucción, que junto a la co – construcción está más relacionada con la gestión, ingresa en el círculo de ésta. Es que no hay bordes definidos en la relación entre los tres ejes, aunque parece no haber dudas en cuanto a que la co – construcción de la solución, corporizada por el estadio negocial, pertenece al plano de la gestión.  Colocado el mediador como formando parte del sistema conflictivo, desde ese lugar su función es, esencialmente, la de un agente de cambio que interactúa con las partes en un medio complejo dominado por la incertidumbre y con una función multifacética. En la deconstrucción del conflicto será un facilitador del intercambio de la información y la de un operador de las narrativas, de tal forma de asegurar que todos puedan desarrollar la suya; para que esto le posible de ser llevado a cabo, el modelo adhiere a la resignificación de la neutralidad en el sentido que le dan Cobb, Miller y Rifkin, esto es, como “la práctica de la multiparcialidad destinada a crear las mismas condiciones en el discurso”26.  Para la reconstrucción de la relación habrá trabajado arduamente en la redefinición de la interacción de las partes, a través de la alteración de las pautas de interacción y la circularización de las historias que le permitan el armado de una historia alternativa que conecte las historias individuales y tenga elementos de todas ellas. Finalmente, en la co – construcción de la solución generará ideas, sugerirá opciones y ayudará a las partes a valorar las consecuencias de sus elecciones y las guiará en las tratativas hacia la asunción de decisiones informadas.

Sistema, Caos y complejidad.

Si el modelo ha privilegiado la orientación sistémica y ha insistido en la influencia de la dialógica del orden y del desorden en la organización y funcionamiento de los sistemas; si, también, ha definido al proceso de resolución de conflictos como un proceso político aunque más no sea a nivel micro y, finalmente, ha introducido la epistemología de la complejidad en sus desarrollos, resulta pertinente hablar aquí de una ecología de la política, lo que lleva a enunciar el principio ecológico de la acción que dice que “la acción escapa a la voluntad del actor político para entrar en el juego de las interacciones del conjunto de la sociedad”.
Frente a estos principios, parece obvio que no se puede ya construir modelos de intervención sobre la base de los programas, porque ellos sirven en tanto que no se modifiquen las condiciones circundantes y no esté presente la incertidumbre.
Este es, finalmente, el mayor fundamento del autor para la construcción de un modelo que sea capaz de operar en contextos de incertidumbre, porque la estrategia es, precisamente, el arte de trabajar en ella.

ANEXO: Modelos de mediación

Modelo

Fundamentación

Método

Meta

  1. Tradicional-lineal

Comunicación lineal, centrada en lo verbal

Causalidad lineal: el conflicto tiene una causa que es el desacuerdo.

A — contextual: no tiene en cuenta el contexto en que el conflicto se produce.

A — histórico: eliminalas percepciones sobre el pasado; su mira está puesta en el futuro.

  1. Tradicional-lineal
  1. Tradicional-lineal
Ver nota 27

Notas:

  1. Repasando viejos trabajos me encontré con este artículo, escrito a finales del año 2002, meses después de la aparición de mi libro Mediación Estratégica publicado por la Editorial Gedisa en Barcelona, durante el mes de abril de ese año, libro que junto a Teoría de Conflictos de Remo F. Entelman, inauguró la colección PARC de la editorial, serie coordinada por Raúl Calvo Soler. Me parece interesante incorporar a esta página web este trabajo, porque en él se exponen con frescura los fundamentos de un modelo guiado por las motivaciones de una época que trabajaba con los métodos, que fueron anticipatorios a toda la evolución de mis investigaciones a partir de los sistemas. Y porque incluye las semejanzas y diferencias con los modelos que circulaban por aquellos años.
  2. CALCATERRA, R. A. Mediación Estratégica, Editorial Gedisa, Barcelona, España, abril de 2002.
  3. CRITTO, A. El método científico en las ciencias sociales, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1982.
  4. El profesor Michelle Taruffo, destacado procesalista italiano, señaló las dificultades que, para los ADR, significa la falta de una conceptualización clara de los métodos. En la Conferencia pronunciada el 26 de noviembre de 1998 en el Seminario de Profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, España, sobre “Aspectos de crisis de la justicia civil: fragmentación y privatización”, expuso acerca de aspectos dudosos y discutibles de ellos, de todo lo cual no se puede dar cuenta concluyente “porque el ADR adopta numerosas versiones distintas en los distintos ordenamientos, y muchas son las manifestaciones concretas que la justicia <alternativa> puede tener”, apareciendo también como significativo que “el ADR no es (y no lo ha sido nunca) un fenómeno unitario y homogéneo sino <en negativo>, vale decir en función de ser alternativo respecto del método del proceso judicial” y se trata, además, de “un universo variado y variable y fuertemente diferenciado, en el cual existen muchas formas de arbitraje (…) junto a aún más numerosas formas de conciliación, mediation, negociación, técnicas de compromiso, que en cada caso son modeladas según las necesidades”, lo que “induce, sin embargo, a una advertencia crítica: si las cosas están así, cualquier juicio global en torno a los <métodos alternativos> resulta ser irremediablemente vago y, por tanto, casi completamente infundado”. Este aspecto había sido sin embargo señalado ya por nosotros en el artículo “La metáfora mediación”, publicado en el Suplemento de Resolución de Conflictos de la Revista Jurídica La Ley, Buenos Aires, 16/12/96, al afirmar que “la mediación es, todavía, una metáfora utilizada para indicar un medio de resolución de disputas cuyo contenido y práctica constituyen contextos a construir”, metáfora cuyo sentido figurado creemos ha quedado despejado con la re-elaboración de ese trabajo y que hoy integra el Capítulo I de la Primera Parte –Propedéutica- de la citada obra “Mediación Estratégica”. Esta cuestión fue retomada por Raúl Calvo Soler y el autor de este trabajo en nuestro informe sobre el Libro Verde a la Comisión de Comunidades Europeas, donde expusimos esta cuestión como “problemas definicionales” de los ADR: “El desarrollo y reglamentación de los ADR no es una cuestión pacífica. Existen, aún en los países con mayor tradición respecto a este tipo de métodos, importantes discusiones tanto en el ámbito operacional como, lo que es más importante, en el ámbito definicional. Distintas teorías definen a diferentes métodos de formas diversas. A nuestro entender estas discusiones resultan, sin lugar a duda, importantes y permiten un mayor desarrollo de los ADR. Sin embargo, a veces la discusión terminológica se convierte en un mero fin en si misma que obsta a la concreción de los métodos en discusión. La posibilidad de establecer un tiempo común para la discusión y un tiempo para la implementación evitará el despliegue de interminables debates que no permiten un desarrollo y mejora de los ADR sino más bien un constante replanteo de a qué estamos llamando cómo. Hay una segunda razón involucrada en el ámbito definicional. Si se acepta que el ámbito legislativo tiene también, más allá de su rol regulador de conductas, un aspecto educacional, es importante que las distintas legislaciones en la Comunidad Europea manejan un discurso común entre los diferentes países y entre los diferentes destinatarios de las ADR. Sólo desde la unidad terminológica podremos establecer comparaciones y valoraciones entre los resultados que en diferentes países producen los ADR”, respuesta a la pregunta 1, punto 2.
  5. ENTELMAN, R. F., obra citada, página 109.
  6. PIERCE, W. B. “Nuevos modelos y metáforas comunicacionales: el pasaje de la teoría a la praxis, del objetivismo al construccionismo social y de la representación a la reflexividad” en “Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad”, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1994.
  7. Von GLASERSFELD, E. “La construcción del conocimiento” en “Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad”, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1994.
  8. PRYGOGINE, I. y STENGERS, I. “Order Out of Chaos: Man´s New Dialogue with Nature”, Nueva York: Bantam, 1984.
  9. MORIN, E. “Introducción al pensamiento complejo”, Editorial Gedisa, Barcelona, España, 1995.
  10. BATESON, G., “Estilo, Gracia e Información en el Arte Primitivo” y “La Epistemología de la Cibernética” en “Pasos para una ecología de la mente”, Editorial Planeta Argentina SAIC en coedición con Carlos Lohlé SA, Buenos Aires, Argentina, 1991.
  11. MORIN, E., obra citada.
  12. CRITTO, A., obra citada.
  13. RAIFFA, H. “El arte y la ciencia de la negociación”, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1991.
  14. DAVIS, M. D. “Teoría del Juego”. Alianza Editorial, Madrid, España, 1971.
  15. FISCHER, R y URY, W. “¡Sí … de acuerdo! Cómo negociar sin ceder”, Editorial Norma, Bogotá, Colombia, 1985.
  16. COBB, S., MILLER, J. y RIFKIN, J. “Toward a New Discourse for Mediation: A Critique of Neutrality, en “The Social Construction of Neutrality”, Santa Bárbara, California, EEUU, 1990.
  17. BARUCH BUSH, R.A – FOLGER, J.P., “La Promesa de Mediación”, Granica, Barcelona, España, 1996.
  18. En el anexo que integra este trabajo se exponen las notas tipificantes de cada uno de los modelos a partir de la nomenclatura que hace Marinés Suáres en “Mediación, conducción de disputas, comunicación y técnicas”, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1996.
  19. El proceso altamente estructurado provee tanto exactitud, puntualidad y consecuencia en las acciones como cada uno de los requisitos que se han de observar para ejecutar una cosa, y ello es atinente a la forma, a aquello que tiene formalidad.
  20. Por ejemplo, el hecho de no poder armar una historia alternativa informa que aún no se ha trabajado lo suficiente en el desarrollo de las historias de cada parte.
  21. La alteridad, como capítulo de la teoría de las percepciones, permite al operador percibir esas estrategias.
  22. La información, que es el mero dato, está en las historias que cuenta la gente. El modelo trabaja con las narrativas, a dos niveles: en el nivel de los tres elementos de toda narrativa, esto es, el guión o trama, los roles y los temas; y en el nivel del proceso de contar las historias. El procesado inteligente del dato, que permite la toma de decisiones estratégicas, se obtiene del análisis de esas narrativas.
  23. Concebir al conflicto como fenómeno social permite ubicarlo como una especie de un género superior más amplio que es la relación social, lo que da cuenta tanto de la necesidad de interacción como de los aspectos conflictivos y cooperativos.
  24. “Un esquema de relación es una regularidad organizada en torno a reglas en el que los significados llevan a la acción y en donde los significados provienen de la interacción”. CALCATERRA, R. A. Obra citada, página 208.
  25. “Como estrategia comunicativa, la gente repite determinados <actos del habla>. En mediación, lo primero que hacen es quejarse o acusar (…) Se trata, entonces, de lograr que cambien la queja por el pedido; a su vez, cuando piden, se les pide la contribución y se la circulariza (…) Por eso, su intervención tendrá el siguiente esquema: Legitimar a los actores, alterar las pautas interaccionales y crear la interdependencia”. CALCATERRA, Rubén A. Obra citada, páginas 204 y 205.
  26. COBB, S., MILLER, J. y Rifkin, J., obra citada.
  27. El cuadro precedente puede ser en la actualidad completado con interesantes trabajos que amplían el detalle de modelos. Ver, por ejemplo, Mendoza Aizai, R.E., La Mediación Colaborativa: un modelo de co-creación, transformación relacional e integración multidimensional del conflicto, en La Trama, Revista Interdisdiplinaria de Mediación y Conflictos, Sección Las lecturas: En el campo de la mediación y la gestión de conflictos, los modelos disponibles han tendido históricamente a privilegiar uno de los dos polos de una tensión estructural: la eficiencia en la obtención del acuerdo o la profundidad en la transformación de las relaciones. El modelo facilitativo prioriza la resolución práctica; el evaluativo, la orientación técnico-jurídica; el transformativo, el empoderamiento y el reconocimiento mutuo. Cada uno ofrece herramientas valiosas, pero ninguno de ellos articula de manera explícita y sistemática las tres dimensiones que, de hecho, coexisten en todo conflicto humano: la emocional, la racional y la relacional como lo hace el modelo del título.

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