Paz y conflictología: el término paz está ampliamente asociado a un estado de tranquilidad e inactividad. En este artículo, Ezequiel Luppi reflexiona acerca de la conveniencia de esta definición en el ejercicio de la conflictología.
Por Ezequiel Luppi
Abogado, miembro del equipo docente coordinado por el Dr. Rubén Calcaterra, que tiene a su cargo una de las comisiones de la materia “El sistema conflicto” que se dicta en el Ciclo Profesional Orientado de la Carrera de Abogacía de la UBA.
Si uno se toma el trabajo de buscar la definición de la palabra paz se encontrará con diversas referencias a un estado emocional vinculado a la pasividad. Desde el punto de vista de la conflictología este acercamiento no parece conveniente. De allí que pregunto: buscamos la paz, pero ¿Deseamos tranquilidad?
En la Real Academia Española se propone como sinónimos de la palabra paz a la “tranquilidad”, el “sosiego”, la “calma”, la “serenidad”, el “reposo” y la “quietud”.
Como adelantara en párrafos precedentes considero que estos términos, que forman parte del significado de la palabra paz, presentan para la conflictología un elemento nocivo, por cuanto vincula a la paz con la inactividad.
Para tratar de demostrar este punto voy a valerme de una definición propuesta por San Agustín para quien la paz es la “tranquilidad en el orden”.
Corresponde aclarar que solo se trata de un ejercicio intelectual, donde utilizaremos esta definición como un instrumento para abordar determinadas cuestiones. No es mi intención criticar al Obispo de Hipona y entiendo además que su definición está íntimamente ligada con una cosmovisión religiosa. Realizadas estas consideraciones comenzamos.
En términos de la conflictología, relacionar la paz con la tranquilidad o la inactividad resulta nocivo
La única constante en la naturaleza es el cambio y este constante cambio es uno de los principales motores del conflicto. Las costumbres sociales evolucionan, las perspectivas económicas se modifican, los sistemas de gobierno se perfeccionan, la tecnología avanza, etc. y en cada uno de estos eventos aparecen los conflictos.
Las personas también cambian constantemente: crecen, maduran y aprenden nuevas cosas, y eso hace que relaciones signadas por el acuerdo y la colaboración puedan dejar de serlo y pasen a caracterizarse por el desacuerdo.
Esta tendencia al cambio nunca se detiene, ni un solo segundo de un solo día.
El cambio constante es uno de los motores del conflicto
La paz es algo que debe ocurrir a pesar de ese constante “desorden”
La idea de que la paz es algo que ocurre “en el orden” se da de frente con esta realidad, por cuanto este supuesto “orden” está siempre cambiando, es inherentemente inestable. Por ello, sería preferible que la noción de paz estuviese más emparentada a la idea de “desorden”. La paz es algo que debe ocurrir a pesar de ese constante “desorden”.
Por otro lado, otro tanto ocurre con la noción de “tranquilidad”.
Ya establecimos que toda relación de colaboración se encuentra sujeta al cambio, y en virtud de ello es susceptible de transformarse en una relación conflictiva. Siendo esto así, resulta claro que debemos desplegar incesantemente algún tipo de actividad con el objetivo de evitar que aparezcan los conflictos.
Esta cuestión se hace evidente en el terreno de las relaciones internacionales, donde se trabaja constantemente en el ejercicio de la diplomacia, designando para esta tarea a personas con una formación específica y estableciendo diversos procedimientos formales a fin de evitar conflictos, o eventualmente las escaladas dentro de esos conflictos.
Pero este fenómeno también puede apreciarse a nivel personal. Los seres humanos deben prestar un determinado grado de atención a sus relaciones a fin de mantenerlas en estado de acuerdo y colaboración. Es necesario trabajar para mantener una sana relación de pareja, lo mismo que en el caso de las relaciones entre padres e hijos; resulta ineludible cultivar la amistad de los amigos y compañeros de trabajo para evitar que ésta desaparezca. En suma, todas las relaciones precisan de tiempo y dedicación para nacer y perdurar en el tiempo.
Es ello por lo que creo que resultaría más apropiado emparentar el concepto de paz con algo parecido a la “intranquilidad”. A una situación a la que debo prestar atención para evitar que surjan inconvenientes.
En resumen, siempre hay cambio, siempre hay desorden, y como contrapartida debemos desarrollar constantemente alguna actividad con el objetivo de evitar los conflictos.
Si hablamos de paz y conflictología, resultaría apropiado vincular el concepto de paz al de intranquilidad, a una situación a la debo estar atento para evitar conflictos
Alejándonos de la definición de San Agustín y volviendo a los objetivos de este artículo, no parece apropiado para la conflictología ligar la definición de paz con algo similar al “sosiego”, la “calma” o la “serenidad”, mucho menos con el “reposo” o la “quietud”. Sería preferible que el término reflejara a alguna actividad o esfuerzo, una especie de “eterna vigilancia”. Desde esta perspectiva se le puede reconocer cierta sabiduría al dicho que reza “si quieres paz, prepárate para la guerra”.
Volviendo a San Agustín corresponde destacar que también afirmó que “Acabar con la guerra mediante la palabra y buscar o mantener la paz con la paz y no con la guerra es un título de gloria mayor que matar a los hombres con la espada”
En suma, “mantener la paz con la paz” requiere de estudio, trabajo y dedicación a fin de lidiar con un mundo en constante cambio. Si lo que se busca es calma y sosiego, lo mejor es aprovechar las vacaciones.
“Mantener la paz con la paz” requiere de estudio, trabajo y dedicación a fin de lidiar con un mundo en constante cambio.
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