El juego “ultimátum”

La dimensiones objetal y actoral de un conflicto y la empatía

Por Ezequiel Luppi y Rubén Calcaterra

Al comienzo de cualquier proceso de abordaje de un conflicto resulta ineludible atravesar por un periodo de diagnóstico, mediante el cual, el sujeto operador de dicho conflicto adquiere la mayor cantidad de información posible a fin de poder intervenir en él de la manera más adecuada.

En la Teoría del Conflicto[1] y en el Sistema de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos (AyGEC), se aborda esta cuestión en forma abundante, si bien desde dos ópticas funcionales diferentes: Entelman desarrolla un artefacto capaz de describir cada parte del fenómeno conflicto a través de sus planos estáticos y dinámicos, en tanto que Calcaterra utiliza ese artefacto para incorporarlo a su sistema como un objeto del conocimiento en la fase de Análisis, alojándolo en el Subsistema Conflicto y haciéndolo operativo mediante el Eje de la Deconstrucción del Conflicto que, en la modelización del sistema, tiene por función recortar el fenómeno de la realidad para su estudio y responde al interrogante acerca de las causas que provocan el fenómeno en cuestión[2]; con mayor profundidad, en la versión ampliada y actualizada de la citada obra[3], su autor dice que la estructura del conflicto como sistema operativo surge de responder a interrogantes que conforman los respectivos subsistemas: Qué y por qué constituye el subsistema conflicto, al que le pertenece el eje operativo deconstrucción del conflicto […] El qué constituye el fenómeno de la realidad que se recorta para su estudio y […] recibe el tributo de las teorías del conflicto.

Como se advierte, Entelman dedica toda una obra y Calcaterra toda una fase de su sistema a la cuestión diagnóstica donde, además, se pueden ver reflejadas todas las clasificaciones, características y observaciones sobre los conflictos y su comportamiento.

En Entelman, uno de los aspectos relevantes de todo ese trabajo de diagnóstico, es el referido al plano dinámico de las dimensiones del conflicto, que hace referencia a las actitudes de los actores con relación al adversario y al objetivo o meta del conflicto […] se pueden identificar dos actitudes distintas: las que centran el conflicto en relación con los actores y las que centran el conflicto con relación a los objetivos […] En la primera clase de relaciones, el acento está puesto en la relación entre los actores y en la ponderación que cada uno de ellos hace del beneficio que obtiene en comparación con la pérdida que experimenta el oponente. El costo propio no es un elemento de consideración. En el otro tipo de relaciones conflictuales se enfatiza la temática conflictiva, es decir, los objetivos, metas, pretensiones y propuestas de las partes. En el primer supuesto, hablamos de dimensión actoral. En el segundo, de dimensión objetal [4]

A su vez, Calcaterra, al desarrollar el décimo paso analítico de la deconstrucción del conflicto, define como conflictos de dimensión actoral a aquellos en donde los cálculos de costo-beneficio en el uso de los recursos de poder están más puestos en la pérdida que sean capaces de provocar al adversario que en la ganancia propia o, en otros términos, la ganancia propia se mide en función de la pérdida que pueda hacerse experimentar al otro y el costo propio se tienen poco en consideración, mientras que un conflicto de dimensión objetal es aquel en el que la relación enfatiza más la búsqueda de la propia satisfacción de las metas u objetivos perseguidos; en el ámbito del análisis del conflicto se denomina cálculo de costo-beneficio a esta evaluación, que es racional agregando que en el objetal procuran su objetivo sin medir negativamente el hecho de que el costo del oponente sea menor que su beneficio[5]. En Calcaterra, además, se puede conectar ese décimo paso analítico con el segundo paso, también de la deconstrucción, ya que, al tratar el tema de la alteridad del sujeto, es decir, cómo perciben la realidad […] y cómo la significan, refiere la importancia de analizar al sujeto frente al caso concreto […] para conocer qué entidad o valor representa, significa o le asigna ese actor a dicho asunto. Estará, entonces, en condiciones de comprender con mayor precisión las posibles acciones, conductas y otros elementos valiosos de cada actor en el escenario del conflicto[6]

Ambos autores, como se ve, resaltan la importancia que reviste, para el operador del conflicto, distinguir las actitudes que adoptará cada uno de los conflictuantes, porque de la dimensión -actoral u objetal- dependerá, y podrá anticipar, el cálculo que harán los actores en uno u otro supuesto al atender a sus intereses en relación con los del otro u otros.

La vital importancia que tiene esta distinción a la hora de abordar un conflicto queda claramente en evidencia cuando se analizan los resultados del juego conocido como “ultimátum”. El Juego del Ultimátum funciona así: un Jugador (A) debe repartir con otro Jugador (B) una suma de dinero, cuyo monto es conocido por ambos, por ejemplo 100 pesos. El Jugador A ofrece al jugador B cierta cantidad de ese dinero, puede ser cualquier cifra, 1 peso, 53 pesos o 99; si el Jugador B acepta el reparto propuesto, ambos conservan el dinero conforme lo establecido por el jugador A, si el jugador B rechaza la propuesta, ambos se quedan sin nada.

La estrategia racional sugerida por la teoría clásica de juegos es que el que propone ofrece la menor parte positiva posible y que el que responde acepta. Sin embargo, los humanos no juegan de esta manera: cuando se lleva adelante este experimento se suelen obtener los siguientes resultados: i) Si el Jugador A realiza propuestas de reparto cercanas al 50-50 o 60-40 el Jugador B usualmente acepta y ambos conservan el dinero; ii) Si el jugador A realiza propuestas en torno a un 80-20, el jugador B comienza a rechazar el ofrecimiento y ambos pierden todo.

Racionalmente, para el jugador B, cualquier oferta debería ser buena porque, aunque se trate de un solo peso, es un peso que antes no tenía, uno que recibe en forma totalmente gratuita, pero como hemos observado esto no es lo que ocurre. Este hecho en sí es bastante relevante, pero resulta aún más revelador ver lo que ocurre si la contraparte es una máquina. En este mismo experimento, cuando en vez de tratarse de dos jugadores “humanos”, el jugador A es una computadora que propone repartos al azar, el jugador B, que sigue siendo un humano, suele aceptar en todos los casos, por cuanto se hace evidente para él el beneficio de la propuesta.

De esta forma puede apreciarse claramente la relevancia que tiene la dimensión actoral en el comportamiento de las partes frente al conflicto y el perjuicio que se produce cuando en un juego como este, o en un conflicto, se presta particular atención a los costos y ganancias del oponente por oposición a los propios.

Muchas veces resulta difícil llegar a un acuerdo en el marco de un conflicto por cuanto uno de los actores incorpora como parte fundamental de la incompatibilidad alguna consideración vinculada “al otro”, priorizando el impedir la ganancia de la contraparte más que a los beneficios que podría obtener con un acuerdo.

Por ello, es importante resignificar el conflicto en su totalidad, intentando que el debate gire siempre en torno de los objetivos buscados por cada uno de los actores en forma individual, haciendo ver a cada uno de ellos, de manera independiente, qué tienen para ganar.

De esta forma tenderemos a lograr negociaciones menos competitivas y a alcanzar acuerdos más beneficiosos para todos.

Finalmente, es destacable la experiencia que se obtuvo cuando se estudió el juego del ultimátum en un contexto evolutivo y se encontró que la empatía puede conducir a la evolución de la justicia. La empatía significa que los individuos hacen ofertas que ellos mismos estarían dispuestos a aceptar.

Citas y referencias:

[1] ENTELMAN, R.F., “Teoría de conflictos. Hacia un nuevo paradigma”, Editorial Gedisa, Barcelona, 2002.

[2] CALCATERRA, R.A., “El sistema conflicto. Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos”, Grupo Editorial Ibañez, Bogotá, 2016, p.89

[3] CALCATERRA, R.A., “El conflicto como sistema”, Astrea Editorial, Buenos Aires, 2021, pp. 41/42

[4] ENTELMAN, R.F., ob.cit., p. 189.

[5] CALCATERRA, R.A., ob.cit. en 3, p.234

[6] CALCATERRA, R.A., ob.cit.supra, pp.198/199.

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