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Manglares de Tumaco. Turismo Tumaco

Posconflicto en Colombia

Conflictología y conflictos armados no internacionales

Análisis del posconflcito en Colombia. Tumaco ha sido considerado el centro del posconflicto con las FARC. Son tierras dominadas por la gente del Guacho y, a pesar de los acuerdos de Paz, los vecinos relatan la violencia que sigue instalada en la región.

Posconflicto Armado en Colombia

Por Alfredo Molano Jimeno

Periodista e historiador (@alfredomolanoJi).

Alfredo Molano Jimeno

Desde el puerto nariñense, sus habitantes narran cómo se vive una nueva oleada violenta en la disputa entre disidencias de las Farc.

Los esteros del San Juan son un vasto entramado de manglares estratégicos para el narcotráfico. A través de ellos se conecta el Cauca con Nariño, a la altura de Tumaco(*3).

El río Iscuandé marca el límite entre el Pacífico caucano y el nariñense. Sus aguas, menos turbias que las del río Guapi, desembocan en el mar en un sitio conocido como Mosquera, un entramado de manglares que parecen de esos laberintos hechos con pino. Se conocen como “los esteros del San Juan” y son ramales del río Patía, que nace cerca al Tambo (Nariño), en la Cordillera Central, y termina desembocando a la altura de las Bocas de Satinga. El Patía ha conformado una subregión rica en oro y en los últimos años también en coca. De Iscuandé a Tumaco hay seis o siete horas de recorrido, cinco de las cuales se gastan atravesando los tupidos manglares que esquivan el monótono paisaje de la costa del mar. Allí la vida se siente. El pitido de las chicharras se traga todos los sonidos de un bosque submarino que parece palpitar de lo vivo.

Manglares de Tumaco en Colombia
Manglares de Tumaco. Turismo Tumaco

Mientras un biólogo navega los esteros del San Juan fascinado por su naturaleza, la gente de esta región los atraviesa con los ojos cerrados. Son tierras de dominio absoluto de la gente de Guacho. Cada cierto tiempo aparece una casa al margen del mangle, unas personas discretamente paradas o una lancha. “Aquí todo está milimétricamente controlado. Uno no se encuentra a nadie, pero ya todo el mundo sabe quién va navegando. ¿Vio a esa gente que estaba apostada en la esquina entre Cocal Jiménez y Guachacal? Son “puntos”, gente que está informando constantemente lo que pasa en el estero. Estos manglares vieron crecer a David, el man que supuestamente era de Guacho y mató el Ejército recientemente”, explica, bajando la voz, entre el misterio y la cautela, uno de los lancheros.

El recorrido es tan fascinante como largo. Es el cierre del Patía, una región de exuberante riqueza natural, donde los esclavos de las minas de Barbacoas encontraron refugio en un ambiente profuso en alimentos. Las minas fueron fundadas en la segunda mitad del siglo XVII por Francisco Parada y alcanzaron a ser una de las regiones con mayor explotación aurífera de los tiempos coloniales, lo que significó también la introducción de una enorme cantidad de esclavos que, en 1778, se calculaba que pasaban de 6.000. A finales del siglo XIX y principios del XX era tan fuerte la fiebre del oro en Barbacoas que compañías extranjeras, como la Telembí Mining Company, la San Lorenzo Gold Gravel o The Patía Syndicate Limited, explotaban los ríos Patía y Telembí. La evolución de esta feria es la llegada de las retroexcavadoras a cada río de la región y, tras el oro, llegaron también los armados: guerrillas y paramilitares, con los que también llegó la coca.

La siembra de la coca arribó a Tumaco con los colonos que salieron desplazados de Putumayo, Caquetá y Guaviare por las fumigaciones de los años 90. A mediados de esa década, el gobierno de Ernesto Samper intentó promover una sustitución de cultivos ilícitos por palma de aceite. La gente se la jugó, se empeñó con los bancos, vendió tierras a los palmeros o alquilaron sus territorios, pero las cosechas fracasaron con la epidemia de la pudrición del cogollo. Este antecedente todavía está en la memoria de campesinos, indígenas y afros de la zona rural del municipio, y ha jugado en contra del Plan de Sustitución derivado del Acuerdo de Paz. El fracaso de los cultivos lícitos —llámese palma o cacao— arraigó la economía cocalera en Tumaco y sus alrededores. Además, encontró en el cartel de Cali compradores, protectores y promotores.

Origenes del conflicto armado en colombia
Origenes del conflicto armado en colombia

Las guerrillas llegaron a la zona por los corredores del Cauca a mediados de los años 80. Llegaron por dos rutas: una que bajó por el río Micay y otra por el Patía. En la segunda mitad de los años 90, tanto el Eln como las Farc habían logrado una base social importante en la región. Sin embargo, el Plan Colombia los movió de sus posiciones de dominio. Y en los primeros años del nuevo siglo, los “paras” llegaron con unidades que se desprendieron del Bloque Libertadores del Sur y bajaron por los lados de Policarpa y Cumbitara. Su estrategia, diferente a la de las guerrillas, fue apostarle al control de los ríos en los puertos y desembocaduras. Así rápidamente asfixiaron a las Farc y controlaron el negocio de la coca.

En este contexto, vinieron los años más duros de confrontación militar. La guerra entre los dos bandos fue cerrando el anillo del área rural al área urbana. Los combates se registraban a diario en esteros, ríos y barrios de Tumaco y sus alrededores. El interés en el puerto vuelve a ser su ubicación geoestratégica para comunicar a Colombia con el Pacífico, para lo que el Estado trazó varias megaobras, como el canal seco Atrato-Truandó, la carretera Pereira-Nuquí o el puerto de aguas profundas de Bahía Cupica. En este interés económico por la llamada Perla del Pacífico, los territorios negros eran vistos como una piedra en el zapato, más cuando surgió la figura de la hermana Yolanda Cerón, madre innegable de la llamada Ley 70 (o de Comunidades Negras), quien fue asesinada el 19 de septiembre de 2001.

Yolanda Cerón
Yolanda Cerón

Cerón fue una de las más notables defensoras de los territorios colectivos de los afros. Nació en Berruecos, Nariño, en 1958, y durante los años 90 acompañó desde la Pastoral Social y la Diócesis del Pacífico a varias comunidades negras de Nariño en su constitución como consejos comunitarios. Se calcula que logró la titulación de al menos 100.000 hectáreas de territorios colectivos de comunidades negras, bajo el amparo de esa ley, que ella misma impulsó en la Constituyente. Su entrega a las comunidades del Pacífico solo fue equiparable a la insistencia con que denunció la irrupción paramilitar en la zona de influencia de Tumaco. Hasta el día de su muerte advirtió de la complicidad de la Fuerza Pública en la operación de control paramilitar del puerto. Un legado que le costó la vida a plena luz del día, frente a la Iglesia La Merced, en el centro de la población.

Con la desmovilización paramilitar, en 2005, Tumaco volvió a convertirse en territorio de disputa entre las estructuras aliadas al narcotráfico y las Farc, que logró consolidar una importante red de milicianos agrupados en la columna móvil Daniel Aldana. Estructura que tomó distancia del Acuerdo de Paz y proveyó la base del Frente Oliver Sinisterra, que lidera alias Guacho, y cuyos mandos medios, como fueron alias Don Y y alias David, dos hermanos que manejaron, hasta el día de su muerte, el control del narcotráfico en buena parte del puerto. Al primero lo mataron las Farc en noviembre de 2016 y el segundo cayó en un operativo militar en septiembre pasado. Estos dos hermanos consolidaron un importante poder en Tumaco bajo la franquicia armada de Guacho. Sin embargo, en el puerto todo el mundo sabe que la alianza fue por un tema estratégico y que al final terminaron enfrentados.

Ni la muerte de Don Y ni la de David extinguieron el poder militar de estas estructuras urbanas de disidentes de las Farc. Y hoy se vive una grave situación humanitaria que ha perdido el interés de la opinión pública, pero no la intensidad de la guerra intraurbana.

“Lo que está ocurriendo en Tumaco es una carnicería. Un horror que no tiene nombre, pero sí apodo: ese es el tal posconflicto. Es la muestra perfecta de lo que ocurre cuando sale una estructura armada de las dimensiones de las Farc, pero no llega la institucionalidad. Eso sí, le han metido toda la Fuerza Pública del mundo, se habla de 9.000 a 12.000 efectivos. No solo nada ha cambiado, sino que se ha puesto peor. Todos los días matan gente, la desaparecen, la desplazan, la torturan y descuartizan”, dice un poblador indignado.

Según cuentan, Tumaco volvió a los tiempos en que sus barrios se dividieron por uniformes.

“La gente de David controla La Ciudadela, Viento Libre, La Y, Panamá, La Paz, Obrero y El Triunfo. Guacho mantiene el dominio de El Milenio, 11 de Noviembre, El Voladero, Exportcol y El Morro. La guerra entre los dos está prendida. La gente que vive en los barrios de Guacho no puede ir a los de la gente de David porque la matan. Y todos los días se dan candela. Acaban de matar a un niño saliendo del colegio. La cosa está muy peluda. No le recomiendo seguir averiguando nada de lo que está pasando acá”, advirtió antes de perderse.

Un habitante de uno de los barrios de la gente de David, que incluso lo conoció desde cuando era niño, contó que junto a su hermano, Don Y, eran milicianos de las Farc y crecieron en uno de los esteros cerca a Tumaco. Que provienen de una familia muy pobre y que tras la desmovilización lograron recoger muchos de los contactos de las Farc en temas de narcotráfico. El relato de cómo murió David es propio de una de esas nuevas series de “narcos”. Cuentan que era un hombre muy esotérico y que desde hace siete años tenía una bruja de cabecera que vivía en Buenaventura y que fue ella el señuelo para ubicarlo.

“Inteligencia militar compró a la bruja y ella se prestó para montar el operativo en el que lo mataron. En el barrio todo el mundo habla de que ella le iba a hacer un rezo de protección, pero le puso unas condiciones. Le dijo que tenía que ser en la madrugada de un día de luna llena y que esa noche debía ubicarse sin escoltas en una casa que ellos definieron. La bruja le mandó un bebedizo que David debía tomarse a la una de la madrugada. Él se encontraba con su hermana y con su esposa, quienes lo iban a ayudar a hacerse los baños. Lo cierto es que lo que se tomó lo dejó paralizado. El man se desplomó y empezó a botar espuma por la boca. Al tiempo, la gente que le estaba haciendo guardia advirtió que el Ejército estaba cerrando el perímetro. El propio papá de David fue a buscarlo para sacarlo alzado, pero dizque el hombre se negó, que les dijo que todo iba a estar bien, que a él lo protegían los espíritus. Al rato tocaron la puerta, cuando la hermana abrió le cayó una lluvia de plomo. David y la hermana murieron y la esposa se salvó”, dice el relato.

 

 “Mucho le advertimos al Gobierno de que lo que se venía en Tumaco iba a ser terrible si no implementaba juiciosamente el Acuerdo de Paz. Hubo unos líderes de las milicias que se pusieron la camiseta, tanto para lograr que un grupo importante de la Aldana se acogiera al Acuerdo, como para que varias familias del área rural suscribieran los acuerdos de sustitución. Los pela’os le metieron el pecho, pero el Gobierno no los protegió: a uno lo mataron y el otro está preso. Esto minó la confianza de muchas personas y provocó una guerra terrible entre los milicianos y la base social de las Farc. La muerte de Don Y desató una guerra de desconfianzas entre antiguos aliados. Este es el caldo de cultivo que le está dando cada día más fuerza a Guacho”,

explicó un hombre muy cercano al proceso de negociación con la columna móvil Daniel Aldana.

“Es que el posconflicto necesita de oportunidades para esa gente, seguridad jurídica, física y económica. Imagínese que les dan un subsidio de $400.000, mientras la disidencia les ofrece $2’000.000 a los que menos experiencia tienen. Fuera de eso los están matando. Y eso que esto está militarizado. El narcotráfico se tomó el puerto tras la salida de las Farc y es que creen que matando a los cabecillas van a solucionarlo; no se dan cuenta de que mientras sigan administrando el territorio como lo vienen haciendo, van a tener el mismo resultado”, agregó.

Y las cifras le dan la razón: según información oficial, entre el 1° de enero y el 5 de diciembre de este año se han registrado 595 investigaciones por homicidios en todo Nariño, de las cuales 237 se produjeron en Tumaco, lo que representa un incremento del 22,8 % con respecto al año pasado, cuando al mismo mes se reportaron 193 denuncias de asesinatos en el puerto.

El Posconflicto en Colombia deja cifras alarmantes de asesinatos
Deforestación en Tumaco, Amazonía de Colombia

El proyecto Amazonía Joven, que involucra a los excombatientes de las Farc del espacio de reincorporación de Miravalle y a la comunidad de la zona de reserva campesina El Pato Balsillas, pretende apostarle a la conservación del territorio en clave de construcción de paz.  

Una mirada a los reportes sobre deforestación de los últimos meses confirma una tendencia innegable. El fenómeno se ha concentrado principalmente en la región amazónica, alternándose la cabeza del listado entre Guaviare o Caquetá. A nivel municipal, hay uno en particular que durante 2018 no dejó de aparecer en los boletines de alertas tempranas de deforestación emitidos por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam): San Vicente del Caguán.

En los cuatro boletines trimestrales del año pasado este municipio caqueteño estuvo presente con distintos porcentajes respecto a otros municipios de la región y del país. Sin embargo, en el último de ellos -que midió de octubre a diciembre- el aumento fue drástico: entre San Vicente del Caguán y el vecino municipio de Cartagena del Chairá concentraron alrededor del 35 % de las detecciones tempranas de deforestación en todo el país. Caquetá se ubicó muy por encima de los demás departamentos con el 45 % de las detecciones.

De acuerdo con los reportes del Ideam, entre las principales causas de la deforestación en esta zona del país está, por un lado, la actividad ganadera, que “se establece de manera extensiva a lo largo del territorio, siendo una de las pocas alternativas económicas consideradas rentables en la zona y que usualmente es financiada por actores externos”. Por el otro lado, aparece el proceso de colonización que ocasiona una demanda creciente de recursos y nuevas tierras, y que se realiza en ausencia de control estatal a escala local.

Frente a la crítica situación de deforestación que aqueja a San Vicente del Caguán, el alcalde de este municipio, Humberto Sánchez, afirma que se debe responder con una lógica de “mano dura” que no permita la reincidencia en este tipo de actividades. “Hay que armar un bloque de búsqueda con las autoridades en contra de los deforestadores porque si no vamos a seguir con el mismo problema, van a seguir las talas y las quemas. La justicia tiene que proceder lo más rápido posible para judicializar a los responsables de estas actividades”, señala Sánchez.

Sin embargo, en el territorio hay otras voces que le apuntan a combatir el fenómeno de manera diferente. Se trata de un trabajo conjunto entre la comunidad de la región y los excombatientes de la antigua guerrilla de las Farc que residen en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Óscar Mondragón, ubicado en la vereda Miravalle, de San Vicente del Caguán, para consolidar economías sostenibles que le apunten a la conservación del territorio, principalmente a través del ecoturismo.

La alarmante deforestación en el Amazonas está estrechamente relacionada con el posconflicto en Colombia, considerando los intereses de los grupos de narcos.

Amazonía joven

proyecto amazonía joven

En la cuenca media del río Caguán, justamente en los municipios de Cartagena del Chairá y San Vicente del Caguán, así como en el municipio de Puerto Rico, desde hace meses viene en marcha el proyecto Amazonía Joven, Corredores amazónicos para la paz, financiado por el Fondo Europeo con 2’150.000 de euros. Su principal apuesta es la consolidación de oportunidades económicas sostenibles y el fortalecimiento del liderazgo de jóvenes entre 14 y 29 años para incidir en una gestión sostenible del territorio con enfoque de construcción de paz.

Para ello, el proyecto es ejecutado por Corpomanigua en asocio con el Vicariato de San Vicente del Caguán y Acción Cultural Popular (ACPO). En el corazón del territorio en el que se implementa el proyecto, está ubicado el ETCR Óscar Mondragón. “Como Amazonía Joven tiene dentro de su territorio este espacio de reincorporación, nosotros empezamos a construir una propuesta para fortalecerlo y que se construyó colectivamente con la población del ETCR y con la comunidad”, explica Nubia Chacón, directora ejecutiva de Corpomanigua.

Y es que dicho espacio de reincorporación está ubicado en una región que no solamente es histórica y fundacional de la guerrilla de las Farc (la zona del Pato, considerada en la década de 1960 como ‘república independiente’ por el Estado porque estas comunidades liberales reivindicaban una soberanía y autonomía territorial), sino que también es representativa de las zonas de reserva campesina en el país, pues allí se constituyó la primera de ellas: la de El Pato Balsillas.

Por eso, el trabajo en el marco de este proyecto ha sido desarrollado en medio de un estrecho vínculo entre la cooperativa Manuel Marulanda Vélez, del ETCR, y la Asociación Municipal de Colonos de El Pato (Amcop), que agrupa a 1250 familias habitantes de la zona de reserva campesina. Específicamente para el desarrollo de Amazonía Joven dentro del espacio de reincorporación, el Fondo Europeo destinó 430.000 euros.

Y lo que se concertó colectivamente, dice Chacón, fueron principalmente dos líneas. Por un lado, en el componente productivo se acordó trabajar en la infraestructura para la producción piscícola, que fue lanzada el pasado miércoles 3 de abril y que a través del sistema biofloc permitirá producir cinco toneladas de tilapia roja al mes. En esa misma línea se está trabajando en la construcción de un centro de acopio para frijol en la reserva campesina.

La otra línea es todo lo referente a la principal apuesta que han emprendido desde el espacio territorial Óscar Mondragón, el ecoturismo. “Nosotros hemos visto un potencial en esto. Además del río Pato, tenemos otras riquezas naturales en este sector como el avistamiento de aves que se complementa con el senderismo”, resalta María de los Ángeles Vargas, excombatiente coordinadora de proyectos en el ETCR.

“Caquetá ha sido un epicentro del conflicto armado en el país. Fue un asentamiento de varios frentes guerrilleros cuando estábamos en armas y era prácticamente un sitio cerrado para los civiles, solo estaban acá los campesinos de la zona, pero la gente no venía. Ahora, en tiempos de paz, lo ideal es que los turistas puedan venir y disfrutar lo que ofrece la naturaleza que tenemos acá”, agrega la excombatiente, orgullosa de su territorio.

El proyecto bandera que en esta línea está más avanzado es el rafting por el río Pato, que ya está abierto a turistas y que hizo que el equipo que conformaron los excombatientes para guiar a los visitantes a través de las aguas del Pato, tenga un lugar en el campeonato mundial de rafting de Australia, que se llevará a cabo en mayo próximo. Para ello, de hecho, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ya autorizó la salida del país de los excombatientes que integran el equipo.

Pero además del rafting, los excombatientes ofrecerán senderismo, llevando a los visitantes a través de las rutas que utilizaron en la guerra para movilizarse y que conectan con el aledaño Parque Nacional Natural Cordillera de Los Picachos. Además, explica Vargas, están en gestiones con el Viceministerio de Turismo para que los certifiquen en la práctica de rappel, como ya están certificados en el rafting.

El paquete lo van a complementar con alojamiento para los huéspedes, a través de la construcción de una cabaña bioclimática y un restaurante del mismo tipo en el que planean ofrecer la tilapia producida allí mismo.

Es ese modelo de ecoturismo con el que se planea hacerle frente al avance de la deforestación en la zona. Según explica Chacón, la conservación del territorio es uno de los principales objetivos de Amazonía Joven y una de las preocupaciones de los excombatientes que ven cómo a su alrededor avanza la quema y la tala del bosque. Por ello, el proyecto identificó 100 familias en la zona que en sus terrenos suman alrededor de 1.800 hectáreas para conservación.

Lo que se pensó además con los excombatientes del ETCR es la difusión a través de ellos mismos, que conocen el territorio, de la importancia del bosque y la montaña, en términos de pedagogía con las comunidades.

Los excombatientes participan en proyectos como Amazonía Joven, que plantea revalorizar el bosque y generar alternativas económicas como el ecoturismo y el rafting, un lado positivo del posconflicto en Colombia.

La situación del ETCR Óscar Mondragón

“Los ánimos de los muchachos están a un 100 %. Siguen apostándole a la paz y siguen comprometidos con los proyectos. No puedo decir que estén desmotivados”, asegura Franklin González Ramírez, conocido como Rodolfo o Corcho, quien quedó a cargo del ETCR de Miravalle, tras la salida de Hernán Darío Velásquez, el Paisa, en julio de 2018.

Rodolfo sostiene que sí hay incertidumbre entre los excombatientes que allí residen -poco más de 70, pero que contando a otros que van y vienen constantemente son alrededor de 90- al ver, por ejemplo, el tema jurídico, teniendo en cuenta las recientes objeciones que el presidente Duque hizo a la ley estatutaria de la JEP. “El proceso de paz, algo que ya está firmado, se negocia todos los días. Esto se convirtió en un mercado a donde uno va todos los días a negociar una libra de arroz. Todo lo están cambiando”, señala.

A pesar de ello, la voluntad de paz en este espacio de reincorporación es palpable. El vínculo que se ha logrado entre los exguerrilleros y los campesinos de la comunidad es estrecho. Viene de antes, señalan algunos, al recordar que la zona fue asentamiento histórico para las Farc y para su comandante Manuel Marulanda Vélez. Incluso, todavía hoy se celebra en la zona el Festival del Retorno, en honor a los colonos que regresaron al territorio en la década de 1980, luego de haber salido por los bombardeos de la Fuerza Pública a El Pato.

Durante el lanzamiento de la infraestructura piscícola el pasado miércoles 3 de abril, en este espacio de reincorporación se dieron cita, además de los excombatientes, representantes de la zona de reserva campesina, el Gobierno Nacional, la Misión de Verificación de Naciones Unidas y una delegación de la Unión Europea. Incluso esta última, encabezada por Francisco García, jefe de cooperación de la Unión Europea en Colombia, pasó la noche en el ETCR, algo que no es usual.

 “En este momento es una región llena de esperanza que está proyectándose hacia un desarrollo con un enfoque muy desde el territorio. Son comunidades que se han integrado de manera muy fuerte con los excombatientes, están trabajando conjuntamente para mostrarse a nivel nacional como un modelo de vida”, explica Chacón, que desde hace varios meses acompaña la implementación del proyecto en el espacio de reincorporación.

Conscientes de que la figura de los ETCR va a desaparecer en agosto de este año, según lo ha anunciado el Gobierno Nacional, los excombatientes de Miravalle están concentrando los esfuerzos en poner a producir los proyectos que tienen allí (el piscícola, invernaderos de tomate y pimentón, y el de ecoturismo). “En este momento hay mucha infraestructura, pero ninguno está produciendo. Los vamos a poner a producir, eso es fijo, pero eso tiene sus tiempos y nosotros estamos muy jovencitos en esto, llevamos dos años aquí”, señala María de los Ángeles Vargas.

De lo que tienen certeza es de que una vez se acabe el espacio de reincorporación van a seguir allí trabajando como lo han venido haciendo desde que dejaron las armas. “Lo único que va a cambiar es que ya no vamos a llamarnos ETCR, sino vamos a ser un asentamiento urbano en la vereda, no es más. No nos vamos a apartar de la gente de la vereda porque nosotros somos integrantes de esta junto con los campesinos. Esa es la apuesta. Acá nos vamos a quedar”.

Posconflicto en Colombia

Notas y referencias:

  1. Dada la relevancia que tiene el caso Colombia para la apreciación y estudio de los conflictos armados no internacionales, con este trabajo esta página web comienza la publicación periódica de una serie de artículos referidos al tema.
  2. Publicado el 11 de diciembre de 2018 por el diario El Espectador, periódico colombiano de circulación nacional fundado el 22 de marzo de 1887.
  3. Tumaco ha sido considerado el centro del posconflicto con las Farc. 

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