Por Ezequiel Luppi
Abogado, miembro del equipo docente coordinado por el Dr. Rubén Calcaterra, que tiene a su cargo una de las comisiones de la materia “El sistema conflicto” que se dicta en el Ciclo Profesional Orientado de la Carrera de Abogacía de la UBA.
La resignificación de los recursos de poder es una estrategia del Sistema de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos (AyGEC) para desescalar disputas de alta hostilidad mediante el intercambio de actos positivos entre las partes.
Los conflictos son dinámicos y están en constante cambio. Entelman, al referirse a este tema, menciona que «El conflicto es un proceso dinámico, sujeto a la permanente alteración de todos sus elementos. A medida que se desarrolla su devenir cambian las percepciones y las actitudes de los actores»1.
Este dinamismo no es completamente aleatorio, sino que con el paso del tiempo los conflictos tienden a escalar; el propio Entelman advertía esta situación al afirmar que «El ciclo de los conflictos evidencia aumentos y disminuciones del nivel de intensidad, pero con la característica saliente de que el proceso de incremento es más frecuente que el de declinación»2. A estos incrementos los denominados escaladas.
Desde el Sistema de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos (AyGEC) -siguiendo a Entelman-, entendemos el fenómeno de la escalada como «un movimiento hacia niveles de mayor intensidad de la conducta conflictiva de cualquiera de los actores»3, intensidad que se expresa en el intercambio de actos negativos entre ellos4.
En virtud de ello podemos afirmar que, si un conflicto ha perdurado a lo largo del tiempo y no se ha realizado ningún esfuerzo por gestionarlo, es muy probable que quien lo intente se encuentre ante un conflicto de alta intensidad y, por lo tanto, signado por elevados niveles de hostilidad entre los actores.
Esta situación dificulta la actividad del sujeto operador, debido a que un conflicto de alta intensidad reduce la cantidad de herramientas viables para su gestión al mismo tiempo que requiere mayor cantidad de intervenciones. Razón por la cual, quien intervenga en este tipo de conflictos deberá intentar en primer lugar generar un proceso de desescalada.
Respecto de este tema, Calcaterra advierte que «Una dificultad para ensayar movimientos de desescalada es la evidencia que denuncia la ley empírica del desarrollo del conflicto, según la cual, producido un aumento en la magnitud de la conducta conflictiva de una de las partes, la otra debe responder con una conducta de magnitud mayor, porque mantener la conducta anterior y soportar la conducta del adversario supone sometimiento a este o a su voluntad de escalar, lo que también provoca un aumento de la conducta conflictiva primero»5.
Frente a esta compleja situación el sistema brinda diversas respuestas a fin de provocar un descenso de este intercambio conflictual, como pueden ser la intervención de un tercero o el intercambio de pequeños actos positivos, los cuales, siguiendo a Calcaterra «Deben ser ajenos a los que comandan la relación del conflicto»6.
Ahora bien, si optáramos por esta segunda posibilidad e intentáramos motivar a los actores para que realizaran un intercambio de actos positivos con la característica anteriormente mencionada, nos encontraríamos con la dificultad que implica proponerles una interacción que, en virtud del alto nivel de hostilidad existente, puede resultar difícil de instrumentar.
Para avanzar en ese sentido, propongo que el sujeto operador del conflicto intente una resignificación del intercambio propuesto.
Un intercambio de actos, tanto positivos como negativos, no es más que un intercambio de lo que, desde el sistema de AyGEC, denominamos recursos de poder.
Entelman define los recursos de poder como un «conjunto de recursos de cualquier índole de que dispone cada actor, o cree disponer, para procurar su objetivo o meta»7. El carácter amplio de esta definición es sumamente relevante, por cuanto abarca tanto aquellas actividades ligadas a la sanción o la amenaza, que podrían considerarse actos negativos, como aquellas vinculadas a los premios o las promesas, que constituirían actos positivos.
A partir de ello, propongo sugerir a los actores la utilización de un recurso de poder «positivo» —esto es, un intercambio de actos positivos—, pero estrictamente enmarcado en la narrativa de lograr las metas y objetivos buscados. De este modo, el intercambio propuesto no sería percibido como un gesto de amistad ni, mucho menos, como una concesión, sino como una herramienta emocionalmente neutra para el logro de los objetivos en disputa.
Se trata de intervenir en la narrativa conflictual y resignificar el recurso de poder que se pretende utilizar, posibilitando que los actores realicen este intercambio positivo a pesar del alto nivel de hostilidad existente, al presentarlo simplemente como un acto eficiente para alcanzar sus metas.
Esta resignificación requiere una aclaración, en el marco del sistema de AyGEC. Calcaterra reserva este término «para el recurso cuyo efecto es resignificar el problema o los problemas manifiestos o subyacentes que las partes traen a la mesa del conflicto»8.
En este caso me refiero a la técnica comúnmente utilizada en la mediación, en donde se transforma el sentido negativo de un relato o de uno de sus elementos en un nuevo significado positivo y viable. Aunque curiosamente, lo que intentaremos hacer aquí es justamente lo opuesto, debido a que trataremos de suavizar el sentido positivo de una conducta para posibilitar su utilización por parte de un actor remiso a actuar de esa manera.
La prórroga de un plazo, la provisión de determinada información, la posibilidad de permitir el desarrollo de alguna actividad e incluso la tolerancia frente a determinadas expresiones por parte de uno de los actores pueden considerarse un favor o un acto de buena voluntad. Sin embargo, también pueden ser interpretadas por quien las realiza como un mero movimiento estratégico orientado a la consecución de sus fines. Esta segunda interpretación constituye un posible objetivo del sujeto operador en un escenario de alta intensidad conflictual.
Este acto positivo, con prescindencia de la emocionalidad con que se realice, puede generar un impacto favorable en la interacción conflictual por cuanto influiría en lo que denominamos las variables de la interacción conflictual.
Llamamos variables de la interacción conflictual a diferentes aspectos de la interacción o planos de conciencia, las que tanto Entelman como Calcaterra dividen en tres, a saber:
- «Acuerdo versus desacuerdo (plano de la conciencia intelectual)
- Realización de actos positivos versus realización de actos negativos (plano de la conciencia volitiva)
- Amistosidad versus hostilidad (plano de la conciencia emocional, afectiva o sentimental)»9.
Siendo relevante esta distinción por cuanto Entelman afirma respecto de estas variables que «la tendencia de las tres a balancearse y mantener su congruencia constituye una ley empíricamente comprobada»10, es decir que en los procesos de escalada estos tres aspectos se mueven en un mismo sentido, hacia el desacuerdo, el intercambio de actos negativos y la hostilidad, mientras que si nos encontramos con una relación de cooperación las variables tenderán hacia el acuerdo, el intercambio de actos positivos, y la amistosidad.
Teniendo esto en consideración es que el sujeto operador, mediante la resignificación propuesta, puede impulsar un intercambio de actos positivos – segundo aspecto de la interacción – que eventualmente arrastrará consigo a las otras variables, las que acompañarán este desplazamiento tendiendo hacia el acuerdo y la amistad y, por lo tanto, hacia la solución del conflicto.
Una vez más surge la importancia de la gestión de la narrativa de los actores, que es el espacio donde el conflicto se desarrolla, y del prudente proceso de intervención que deben encarar los sujetos operadores para evitar mayores perjuicios para los conflictuantes.
Citas y referencias
- Entelman, R., Teoría de conflictos. Gedisa, Barcelona, 2002, p. 173.
- Entelman, r., ob.cit., p. 175
- Calcaterra, R., El Conflicto como sistema. Ed. Astrea 2ª edición Buenos Aires, 2021, p.226.
- Kriesberg, L. Sociología de los conflictos sociales, Ed.Trillas, Madrid, 1975. En la nota 3 de pág. 186 de la obra citada en supra 1, Entelman menciona que este autor, en el Cap. 3 de la obra citada en esta nota, se refiere en este sentido a los cambios del nivel de intensidad de los conflictos cuando explica los juegos tendientes a determinar los niveles de intensidad de distintas conductas posibles y de ponerlas en orden creciente de intensidad.
- Calcaterra, R., ob.cit., p. 228.
- Calcaterra, R., ob.cit., p. 229.
- 7 Entelman, ob.cit., p. 125
- Calcaterra, R., ob.cit., p. 275.
- Calcaterra, R. y Entelman, R., obras citadas, pps.231 y 182, respectivamente.
- Entelman, R., ob.cit., p. 184
