Comunicación e información en la era virtual

En la era digital, las redes sociales transforman la comunicación permitiendo crear perfiles que no siempre reflejan la realidad, generando personajes virtuales. La retroalimentación inmediata y el uso de iconos digitales redefinen las interacciones, aplicando pero complicando los axiomas de la comunicación humana. Esto genera constantes comunicaciones y relaciones múltiples, aunque puede llevar a adicción y dependencia emocional.

Por Melany Feldman

Abogada UBA, docente en la materia «El Sistema Conflicto» del Ciclo Profesional Orientado (CPO) de la Carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Melany Feldman

En primer lugar, recordemos la lógica Aristotélica. Ella sostiene que, para lograr persuadir al oyente, se deben utilizar argumentos eficaces que impacten psicológicamente en él (por su carácter, pasiones, etc.) mediante el uso de un razonamiento basado en pruebas que generen impacto.

Un gran avance comunicacional vino a quedarse con las “redes sociales”.  El concepto de retroalimentación inmediata que se da en la comunicación entre las personas se ve plasmada en la pantalla a través de comentarios escritos y demostración de sentimientos mediante “iconos” digitales.

Adentrándonos en el mundo digital, podemos observar que las personas se presentan a través de un “perfil” virtual no solo donde escogen qué cualidades y aspectos de su vida resaltar y cuales ocultar, sino que también pueden usar nombres y apellidos diferentes a los reales y hasta cambiar su imagen con la propia cuenta virtual.

De la mano de estos conceptos podemos ingresar en el modelo sistémico de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos (AyGEC), por la Fase de Análisis, en el que se estudian los sujetos del conflicto a través de Subsistema Conflicto. En ese subsistema, dos de los elementos del conocimiento que lo integran estudian, precisamente, las características de los sujetos a través de la Alteridad y de los estilos de la personalidad. Consecuentemente con ello, en el eje que moviliza este subsistema, esto es, la Deconstrucción del Conflicto, se advierte al operador acerca de la diferencia que existe entre la persona que es el sujeto y el personaje que viene a interpretar para obtener las metas u objetivos que persigue.

Por un lado, se permite la duda respecto a las narrativas de las personas, puesto que lo que narra cada uno en su perfil es, eventualmente, una modificación o recorte de la realidad para que encaje en el perfil que quieren demostrar. De esta manera también se observa que, a través de un perfil virtual, el “personaje” cobra relevancia y el observador va a interactuar tanto con la persona como con el personaje que ha creado para mostrar tras la pantalla.

Así es que, quien en la realidad es una persona individual, en el mundo virtual puede demostrar otra u otras vidas diferentes, de acuerdo con sus objetivos y al impacto que pretenden causar frente a sus contactos virtuales.

Comunicación en la era virtual Persona ensombrecida sacándose una selfie

Nuevas pautas de comunicación e información

En este contexto, en el año 2003, el ámbito profesional y laboral se ha entrometido en nuestros dispositivos permitiendo presentarnos a través de “Linkedin”. Un gran cambio a la hora de buscar empleo como también de encontrar al trabajador adecuado para el puesto ofrecido.

Cada usuario se presenta con perfil profesional y contacta a otras personas de su interés, generando una red horizontal de vínculos, donde no hay diferencia jerárquica, sino que todos se vinculan en red. Aplica aquí lo expuesto sobre el personaje que se pretende publicar, puesto que el perfil virtual puede modificarse para aplicar a los requisitos de un puesto de trabajo.

Un año más tarde, en 2004, surge “Facebook”. Desde ese momento, cada uno pudo formar un nuevo perfil virtual y comunicarse con otras personas a través de una pantalla.  Allí cada usuario tiene la posibilidad de elegir momentos de su vida y publicarlas en la red. En consecuencia, recibirá mensajes de sus contactos y reacciones a la publicación en forma de “iconos” y/o “símbolos” que demuestran sus emociones.

Así podemos ver cómo la retórica, que ha sido objeto de años de estudio filosófico, en la actualidad, cuenta con herramientas digitales modernas que la reducen a iconos y símbolos determinados.

Desde hace años se observa cómo las palabras, textos y hasta las emociones son representadas en simples caracteres.

Los avances en redes sociales continuaron en 2010 con la creación de “Instagram”. Una nueva red de personas que se unen, pero esta vez, se expresan con menos palabras y se enfocan en imágenes.

Lo destacable es cómo las redes sociales demuestran una historia diferente de la vida de las personas, permitiendo modificar el contexto de cada imagen que se publica pretendiendo obtener muchas veces una devolución positiva de los contactos. Así una imagen obtenida en un contexto de tristeza podrá ser publicada informando y comunicando una gran alegría para esa persona.

Más comunicación e información pero también mayor dependencia emocional Muchas personas en un espacio sombrío mirando sus teléfonos móbiles

Las nuevas tecnologías entrelazan los conceptos de comunicación e información clásicos.

La información que, conforme la teoría clásica, no exige retroalimentación, al ser publicada en las redes sociales, se retroalimenta de los comentarios de los usuarios que reaccionan a cada publicación, permitiendo al emisor conocer cuál es el impacto que genera al público. A su vez, quien publica información en una red social tiene la posibilidad de responder los comentarios que realizan los usuarios. Así, llegamos a la conclusión que publicar información a través de redes sociales, es también comunicar.

 

El surgimiento de las redes sociales y el aumento de sus usuarios demuestra los avances en la comunicación. Tanto así que, una sola persona puede comunicarse con un sin fin de otras personas de manera instantánea, mostrando diferentes facetas de su vida, de acuerdo con quien se encuentra del otro lado del dispositivo.

 

Esto sucede no solo cuando se trata de dispositivos tecnológicos, sino que se pueden entablar múltiples comunicaciones simultáneas con personas virtuales y personas físicas.

 

Nuevamente nos encontramos con otro de los elementos del conocimiento que integran el sistema, los axiomas de la comunicación humana, ahora en el subsistema de Interacción y Cambio.

 

Sin dudas podemos confirmar que a través de las redes sociales “no es posible no comunicarse”, tal como afirma el primer axioma. Se cumple dicha premisa desde el momento en que se genera un usuario y se comienza a utilizar la red elegida.  La cuestión será elegir qué comunicar y qué elige cada uno para que se le comunique. Nos preguntamos entonces de qué forma podrían presentarse los trastornos de este axioma, porque lo complejo de analizar la comunicación en redes sociales radica en que, mal podríamos no comunicar algo, cuando estamos en constante interacción con cada contacto virtual. Observar sus publicaciones puede ser motivo de una reacción de la otra parte, quién podría percibir cualquier tipo de sensación, errada o no, ante una falta de actividad de algún contacto. Sobre esto, diversos estudios científicos han demostrado que las redes sociales generan adicción en las personas, volviéndose dependientes de la comunicación hacia el mundo virtual.

 

El segundo axioma sostiene que “Toda comunicación tiene un nivel de contenido y un nivel de relación, tales que el segundo califica al primero y es, por lo tanto, una metacomunicación”. Confrontando este axioma con la comunicación virtual podemos observar que aquí, el nivel de relación no siempre califica el contenido. En la virtualidad el contexto no es determinado, sino que se puede decir que es un contexto general que se arma cada usuario de acuerdo a los contactos que alcanza. El comunicador emite un mensaje en sus redes sociales que alcanza a cada uno de sus contactos. Es decir, se emite un mensaje de contenido único que alcanza la relación que el emisor mantiene con cada contacto.  Entonces aquí, el contenido es único y no viene calificado por el contexto, sino que lo que califica el contexto, ahora es la reacción del destinatario y cómo actúa a consecuencia de ese mensaje.

 

El tercer axioma de la comunicación sostiene que “los seres humanos se comunican tanto analógica como digitalmente. El lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica sumamente compleja y poderosa, pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación, mientras que el lenguaje analógico posee la semántica, pero no una sintaxis adecuada para la definición inequívoca de la naturaleza de las relaciones”. Al ampliar este axioma a la comunicación virtual, no se observa diferencia ni alteración alguna a su aplicación a la comunicación como se la viene estudiando en la vida real- no virtual.  El trastorno puede surgir al pretender utilizar el mismo lenguaje en cada una de las redes sociales con que cuenta una persona, puesto que cada una tiene sus códigos específicos y hasta un lenguaje particular de esa comunidad.

 

Por su parte, del cuarto axioma según el cual «la naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los comunicantes» podemos observar que, en la virtualidad, los usuarios  se contactan en un contexto específico,  en el que podrá generarse o no una relación, según los términos en que se hubiera puntuado el mensaje del comunicante. De esta forma, cada usuario elige seguir siendo contacto de otro, o no. La puntuación que realice cada seguidor de lo comunicado por el otro será lo que genere mayor o menor amistad de acuerdo con lo que signifique cada uno de ellos, derivando en el axioma que sigue.

 

Finalmente, el quinto axioma que indica que «todos los intercambios comunicacionales en una interacción serán simétricos o complementarios, según estén basados en la igualdad o en la diferencia», al igual que en la vida real, se puede identificar en el mundo digital a través de las diferentes respuestas y reacciones a cada publicación realizada, dependiente de la persona que los realiza quien puede o no tener un vínculo con el emisor.  En esta instancia la retroalimentación juega un rol sumamente relevante puesto que, sin interacción entre los diversos perfiles virtuales, no habría intercambio comunicacional alguno.

 

En resumen, desde la llegada de la virtualidad hasta el presente, podemos observar un gran avance de la comunicación en términos teóricos y prácticos. Por un lado, se aplican y cumplen sus axiomas, y por el otro, vemos la diferencia con la etapa previa a la virtualidad, debido a que la comunicación que antes se nutría de una narrativa abundante, ahora no depende de ello sino de la interacción entre los perfiles, dependiendo de la red social elegida.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Graciela

    Contenido de actualidad. Muy interesante y enriquecedor.
    A seguir!!

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