A propósito de las crisis narrativas

¿Existen las crisis narrativas? Análisis acerca de esta postura desde los elementos que nos proporciona la Conflictología.

En un interesante artículo que publicó el diario La Nación en su edición del 18 de marzo de 2024 bajo el título Hay que cambiar el chip: volvió el mercado, el periodista Guillermo Olivetto transcribe un párrafo de El Narrador, de Walter Benjamín: “el narrador –por familiar que nos suene el nombre– no está de ningún modo presente para nosotros en su vívida eficacia. Nos resulta algo alejado ya y que sigue alejándose. El arte de narrar llega a su fin. Cada vez más raro es encontrarse con gente que pueda narrar honestamente algo”. Hace también referencia al filósofo surcoreano Byun Chul Han, quien, apoyándose en las ideas de Benjamin para extrapolarlas al mundo contemporáneo, en su más reciente ensayo La crisis de la narración, afirma que hoy las narrativas se han vuelto “contingentes, intercambiables, modificables”, y que, en consecuencia, dejan de ser “vinculantes para nosotros y pierden fuerza conectiva”. Según Olivetto, lo que Han argumenta es que hoy sobra narrativa, pero falta narración, es decir, historias genuinas, reales, propias, creíbles. Por lo tanto, vivimos “fuera del alcance de la fuerza de fascinación que ejerce la narración”. Para redondear el enfoque describe: “La narración es una forma conclusiva. Constituye un orden cerrado que da sentido y proporciona identidad”. Y aclara que las narraciones con capacidad de transformar los acontecimientos “nunca las crea a voluntad una sola persona. Su surgimiento obedece a un proceso complejo en el que participan diversas fuerzas y distintos actores. En definitiva, son la expresión del modo de sentir de una época”.

Crisis narrativas. Silla en un espacio vacío con un título que dice "Las narrativas ¿están en crisis?"

Es una suerte, y un aporte invalorable para el estudioso, que los artículos de difusión masiva relacionen autores y obras del valor de las que cita Olivetto para sustentar su contenido -en este caso para referirse al primer discurso que el presidente Milei pronunció el 19 de noviembre de 2023-, porque constituyen una conexión, un acercamiento de esas obras a la cotidianeidad del lector, y, para nuestra especialidad, la oportunidad para formular comentarios como el que propongo a continuación para conectar las ideas de aquellos autores con la mirada sistémica del modelo de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos (AyGEC).

Comencemos recordando que, para nuestro modelo, las narrativas constituyen el material del conflicto, la expresión de la incompatibilidad con que los bandos sostienen las metas que persiguen. Y, como ya hemos señalado, esas metas -concretas, simbólicas o trascendentes-, están basadas en narrativas; y que, esas narrativas, son el resultado de varios factores.

En primer lugar, el contexto. El campo del abordaje del conflicto por alguno de los métodos o, en nuestro caso, por el sistema, debe tener en cuenta que se trata de un contexto de adversarios al que concurren bandos integrados por sujetos actores y terceros, individuales y/o colectivos, que buscan resultados.

En segundo lugar, el narrador. Las narrativas con las que concurren a ese contexto se vehiculizan, obviamente, a través de un narrador, que el sistema lo detecta como sujeto actor o tercero, individual o colectivo. Y que esos sujetos -actores y/o terceros- concurren a la mesa del conflictólogo como personas o como personajes; en el primer supuesto sus narraciones serán el producto de un convencimiento sincero de los hechos según la percepción que el narrador tiene de una realidad conformada por su alteridad y por su estilo de personalidad, mientras que, en el segundo supuesto, irán a interpretar un rol que solo busque los resultados aún a costa de la realidad que le proponga su alteridad y su estilo de personalidad.

Lo que pretendo defender aquí es que, para el conflictólogo, siempre habrá narrativa y narrador; no puede prescindir de ninguno de ellos más allá de la honestidad con que se maneje el narrador (Benjamín). Y que las narrativas van a ser siempre “contingentes, intercambiables, modificables” (Byun Chul Han), porque en el proceso de abordaje de las incompatibilidades siempre existe lo que puede o no puede suceder, las acusaciones mutuas se caracterizan por la intercambiabilidad de los términos, y porque la modificación de los patrones de la interacción constituye justamente el presupuesto básico para todo intento de encontrar acuerdos sustentables.

Resultan encomiables los trabajos de Walter Benjamín y de Byun Chul Han, pero no perdamos de vista que se refieren a momentos coyunturales, de emergencias en el devenir de las culturas; pero, en el mundo de los conflictos, no olvidemos que, como muy bien describe Gabriela Baby en Ficciones médicas: ¿el lenguaje cura? (Suplemento Ideas de La Nación, 28.05.2017, pág. 4), “además del dedo pulgar opuesto y la posición erguida, la característica diferencial de la raza humana es la capacidad de narrar. En todas las culturas de todas las épocas hombres y mujeres se cuentan historias. Verdaderas o ficticias, las narrativas dan sentido al mundo que nos rodea, organizan el caos de acontecimientos dispares de la experiencia de vivir. Nos construimos a nosotros mismos por medio de narraciones. El relato que hace una persona acerca de sus conflictos se puede pensar como una narrativa que el confictólogo podrá leer como un texto: con un punto de vista particular, metáforas, silencios, comparaciones e hipótesis que intentan dar sentido y explicar el conflicto. También el relato del conflicto tendrá un tono particular: de drama, de tragedia, de comedia. La pregunta es: ¿qué lee el conflictólogo? Un profesional escucha muchas historias diferentes, contadas por actores de distinto nivel cultural, con diferentes creencias y formas de vida que conforman distintos relatos. Un mismo conflicto es vivenciado de una manera absolutamente distinta por cada conflictuante: miedo, indiferencia, enojo, son solo ejemplos de los estados que puede experimentar una persona frente al conflicto y esos estados le servirán al profesional para orientarse… A diferencia del psicoanálisis o la psiquiatría, que tienen un marco teórico particular de la escucha y de cura, la narrativa en conflictología tiene un objetivo comunicacional, de desentrañar a través de las distintas imágenes, los tonos, los silencios, lo que cada conflictuante relata. Cada uno se vale del lenguaje para marcar su relación con el conflicto. La habilidad narrativa adiciona la capacidad de comprender tanto lo que les pasa a los conflictuantes como, también, lo que le pasa al conflictólogo ante el conflicto que le narran”.

«La narrativa en conflictología tiene un objetivo comunicacional, de desentrañar a través de las distintas imágenes, los tonos, los silencios, lo que cada conflictuante relata.»

Es que, efectivamente y como afirma Leonardo Schvarstein en Semiótica del conflicto, el conflicto es una construcción. Hay gente que los narra y que, al hacerlo, los significa como tales. De allí entonces que, más allá del carácter subjetivo que asume, es necesario reconocer que algo será indicado por alguien como conflicto en el marco de una estructura de significación. Podríamos aplicar el dicho «Dime qué conflicto narras y te diré cómo significas»… En el marco de una conversación, toda narración de un conflicto contiene una propuesta de coalición, que compromete tanto al narrador como a su interlocutor. La construcción del conflicto, por vía de las elecciones y exclusiones que hace, marca el lugar del narrador, pero también cómo escucha y qué siente el conflictólogo. Se han implicado aquí, además, los conceptos de resonancias y
ensamblajes.

«El conflicto es una construcción. (…) Algo será indicado por alguien como conflicto en el marco de una estructura de significación»

Hemos partido de las narrativas, pero obsérvese las confluencias, convergencias y articulaciones que el sistema permite formular con otros elementos del conocimiento.

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