Pensamientos sobre la teoría del conflicto

Por Héctor Raúl Sandler

Doctor en Derecho, profesor consulto de la UBA, Ex Diputado Nacional, Director del Seminario Permanente de Investigación Remo F. Entelman, teoría del conflicto: del objeto al sistema, Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales Ambrosio L. Gioja.

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1.

La voz “conflicto” deriva del latín ‘conflictus’ y ésta de ‘fligere’ y ‘affligere” (‘afligir’), que significaban ‘golpear’, ‘golpear contra algo’, ‘abatir’.

Para el Diccionario de la Real Academia, “conflicto” es algo que causa molestia, sufrimiento o angustia moral.

A la vista de esta etimología, los conflictos se padecen. Si se ha caído en alguno, es bueno salir de él.

Esta etimología señala la base y el sentido de una “teoría del conflicto”.

Ella se formaliza en reflexiones sobre la condición humana, individual y social y en proposiciones o reglas para tratar de construir procedimientos y normas a fin de restituir la salud de la relación social afectada.

 

2.

Los conflictos humanos se presentan muy diversos con solo tener en cuenta a los actores, partes de una relación social. Los conflictos acontecen entre individuos, entre individuos y grupos o viceversa; entre grupos; entre individuos o grupos versus sociedad plural, y de ésta contra aquéllos. Esta multitud de posibles conflictos obliga a observar la realidad y trazar sobre la base de su recta observación “tipos de conflicto”.

Todos los conflictos tienen algo en común. Pero cada “tipo” tiene su peculiaridad y ésta distingue a cada uno de todos los demás. El conflicto debe ser atendido y tratado conforme al tipo a que pertenece y a su estricta peculiaridad. La “teoría general del conflicto” ha de encargarse en primer lugar de elaborar una “tipología” del conflicto que facilite la atención y tratamiento de los conflictos concretos.

La construcción de una tipología de base empírica dará lugar a distintas versiones o especializaciones, teóricas y de aplicación, de una “teoría general del conflicto”.

 

3.

Los conflictos se gestan y aparecen en contextos espaciales y temporales. Es decir, son siempre “hechos históricos”. Como tales son parte de “procesos históricos” mayores en los que se incuban, desarrollan y estallan.

Pero por la misma historicidad del proceso del que forma parte, el conflicto tiene su propio desarrollo histórico: se gesta, nace, desarrolla y evoluciona hasta desaparecer. Dejando de existir o transformándose en otro conflicto.

 

4.

La “teoría del conflicto” tiene responsabilidad sanadora solo en aquellos conflictos que a la luz de la experiencia y la sabiduría humana es posible contener y, cuando se pueda, poner fin al conflicto.

Seleccionar a este tipo de conflictos como casos de su competencia es, hasta cierto punto, ajeno a la teoría del conflicto. De esta selección se ocupa el hombre en otros campos del conocimiento; pero una sólida y fructífera teoría del conflicto no debe dejar de revisar críticamente el supuesto que le marca su competencia. Es un camino que no se debe dejar de recorrer para una constante perfección de esta teoría.

 

5.

A quien observe con atención un acotado conflicto concreto, éste muestra una “estructura” que contiene en sí misma las causas de su existencia y los puentes que conducen a su solución. Ambas líneas son directrices que laten en el seno del conflicto, las que deben ser cuidadosamente descubiertas, pues mediante el esfuerzo por aprovecharlas en plenitud se logran soluciones fructíferas.

Solo mediante el conocimiento en “el caso” de las causas generadoras y las vías indicativas para construir un arreglo, se pueden eliminar o compensar las primeras y desde los “puentes” tendidos por las segundas, “avanzar” hacia la solución.

Cuando es satisfactoriamente aprobada por todos recibe el nombre de “éxito”. La raíz de esta voz es ‘salir del lugar’ que compromete malamente.  Si bien la “salida” del conflicto ha de ser satisfactoria para todos, no tiene que ser para todos la misma.

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6.

El carácter histórico del conflicto, parte de procesos históricos mayores, obliga a tener en cuenta la estructura y la dinámica de los procesos mayores, dentro de los cuales el conflicto se ha gestado. Esto constituye el “contexto” del conflicto. Hay que explorarlo e investigarlo para encontrar posibles “causas exógenas” generatrices, en forma total o parcial, del conflicto. Igual exploración se debe hacer para descubrir lo que en ese contexto existe de favorable para la solución del conflicto.

 

7.

El agente de un conflicto está constituido por una pluralidad de actores. Partes en el conflicto. Y cada uno tiene su subjetiva perspectiva del conflicto en que está involucrado. Quien asuma la tarea de querer auxiliarlos en la solución del conflicto, es un conciliador. Éste necesita efectuar su propio reconocimiento objetivo de la situación; pero de modo principal debe ‘comprender’ las diferentes perspectivas originadas en razón del inevitable distinto punto de vista propio de cada actor. Esta comprensión es un esfuerzo tan necesario como difícil.

 

8.

Es fácil recomendar “ponerse en el lugar del otro”. Pero no es fácil lograrlo. Aparte de las subjetivas valoraciones que cada uno tiene sobre un mismo hecho existen los diversos intereses que cada uno pondera. Pero además no todas las partes ‘ven’ los mismos hechos ni todos ven igual al hecho identificado. Ni hablan de modo acabado sobre lo que ven, sienten o piensan. Discrepancias en el saber, el sentir y el querer – en conjunto – forman espesas capas expresivas que ocultan al conciliador la profunda realidad en que el conflicto consiste. Se exige aquí paciencia, experiencia y capacidad de penetración. De todos y no solo del conciliador. La teoría del conflicto es un valioso instrumento; pero la herramienta no suple al ingenio.

 

9.

El examen de las “causas” y “puentes” (endógenos y exógenos del conflicto) son una parte necesaria para su solución. Pero este examen es solo conocimiento del pasado y el presente. Imposibles de suprimir o revertir. Es un conocimiento necesario, pero insuficiente. Quien busca el “éxito” (salida del conflicto satisfactoria para todos) no puede lograrlo con solo contemplar el lugar en que se encuentra y descubrir las razones por las que se llegó allí. “Éxito” es salir de ese lugar para pasar a otro. Para hacerlo con satisfacción para todos los involucrados es indispensable “avizorar” otro posible “lugar”. Alentar la voluntad de componer los intereses a la luz de una futura situación mejor para cada uno.

A ese fin hay que “bosquejar” las nuevas factibles relaciones que entre las partes se han de establecer. Esto reclama del poder de la imaginación. Se debe ofrecer a las partes una clara y convincente “imagen” de sus sendos “futuros” y se acepta la solución propuesta.

La habilidad para imaginar una nueva situación de modo que sea deseable por todos los involucrados (no objetiva sino subjetivamente por cada uno), es la llave maestra para la solución del conflicto.

 

10.

Ha sido dicho: “la ciencia es una larga paciencia”. La solución del conflicto supone mayor paciencia. Es llegar a “conocer” por anticipado un nuevo modo de ser de una “situación insoportable”. Como en toda ciencia se requiere, por lo tanto, una gran dosis de paciencia. No solo del tercero conciliador, sino de todos los involucrados en el conflicto para construir la solución. Crear una atmósfera favorable para que se mantenga la paciencia necesaria por parte de todos, es la base material para alcanzar una posible solución.

Crear un ambiente en que se palpe la buena fe, la positiva voluntad, la confianza en el camino a emprender y una mayor creencia en que es posible una solución satisfactoria, es el objetivo primero del conciliador.

El éxito de la aplicación de la teoría del conflicto depende del desarrollo de esta capacidad. Considerando este punto, una acabada enseñanza de la teoría del conflicto debe incluir un capítulo sobre el arte de lograr tal ambiente.

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