La narración del conflicto

Elemento del Conocimiento / Subsistema conflicto

Narrativas

Las narrativas contienen el material del conflicto. Son las historias que la gente cuenta y se cuenta acerca del conflicto. La narrativa es una de las características fundamentales del ser humano. Así lo explica Gabriela Gaby en un artículo del año 2017: “Además del dedo pulgar opuesto y la posición erguida, la característica diferencial de la raza humana es la capacidad de narrar. En todas las culturas de todas las épocas hombres y mujeres se cuentan historias. Verdaderas o ficticias,  las narrativas dan sentido al mundo que nos rodea, organizan el caos de acontecimientos dispares de la experiencia de vivir. Nos construimos a nosotros mismos por medio de narraciones.” (Gaby, 2017). Así es como podemos trasladar este concepto a la narración del conflicto.

Gaby explica que el relato que hace una persona acerca de sus conflictos se puede pensar como una narrativa que el conflictólogo podrá leer como un texto: con un punto de vista particular, metáforas, silencios, comparaciones e hipótesis que intentan dar sentido y explicar el conflicto. También el relato del conflicto tendrá un tono particular: de drama, de tragedia, de comedia. Un mismo conflicto es vivenciado de una manera absolutamente distinta por cada conflictuante: miedo, indiferencia, enojo, son solo ejemplos de los estados que puede experimentar una persona frente al conflicto y esos estados le servirán al profesional para orientarse.

“A diferencia del psicoanálisis o la psiquiatría, que tienen un marco teórico particular de escucha y de cura, la narrativa -en conflictología- tiene un objetivo comunicacional” de desentrañar a través de las distintas imágenes, los tonos, los silencios, lo que cada conflictuante relata. “Cada uno se vale del lenguaje para marcar su relación” con el conflicto. La habilidad narrativa adiciona la capacidad de comprender tanto lo que les pasa a los conflictuantes como, también, lo que le pasa al conflictólogo ante el conflicto que le narran (Gaby, 2017). 

Llegados a este punto, resulta muy interesante revisar los conceptos de resonancias y ensamblajes de Elkaim (1989).

Narración y construcción del conflicto

En palabras de Leonardo Schvarstein, “en la expresión tener un conflicto subyace la concepción del conflicto como algo externo, objetivado. Sin embargo, el conflicto es una construcción. Hay gente que los narra y que, al hacerlo, los significa como tales. De allí entonces que, más allá del carácter subjetivo que asume, es necesario reconocer que algo será indicado por alguien como conflicto en el marco de una estructura de significación. Podríamos aplicar el dicho “Dime qué conflictos narras y te diré cómo significas«. 

White & Epson, siguiendo a los científicos sociales, sostienen que las personas solo tienen conocimiento directo del mundo a través de las experiencias vividas que, para darle sentido a la vida y expresarlas, deben ser puestas en historias o narrativas que son las que determinan el significado asignado a la experiencia. Denominan «analogía del texto» a este marco conceptual porque, para ellos, la evolución de las vidas y relaciones se pueden entender en términos de la lectura y escritura de un texto, así como cada vez que se lee un texto existe una nueva interpretación de este y por lo tanto una escritura diferente del mismo. 

Por ello, decimos que el abordaje del conflicto, desde los métodos no adversariales, es un proceso en el discurso. El abordaje del conflicto a partir de las historias que cuenta la gente es el núcleo del Modelo Circular Narrativo de Sara Cobb y en ese sentido se expresan autores como Marinés Suárez, Francisco Diez y Graciela Tapia que, en las obras cuya lectura recomiendo, incluyen tanto los aportes de la teoría de la narrativa al modelo así como el reconocimiento de que la mediación, por ejemplo, es un proceso conversacional. La importancia del discurso como atributo del proceso es que el discurso abre espacios que son relacionales y es precisamente en ese espacio donde se juega el abordaje al conflicto.

narracion del conflicto
Marisa Maestre

Los elementos de la narración del conflicto

Toda narrativa completa debe responder a tres interrogantes: 

1 ) ¿Qué secuencias de hechos presenta? 

El guión o trama contiene la secuencia de los episodios o acontecimientos, que deben estar unidos por una lógica causal. El análisis debe concentrarse en cómo se produjeron esos acontecimientos y cómo continúan reproduciéndose. Ningún acto está aislado, sino co-construido en la interacción con otros y necesita ser completado a través de una conversación que nos permita ligar por lo menos tres acontecimientos: qué pasó antes, qué pasó después y todo ello a la luz de los eventos circundantes

Esa es la mínima tríada a analizar. 

Para Singer hay interacción cuando dos o más entidades realizan conductas recíprocas y puede detectarse una secuencia de por lo menos dos actos discernibles tales que el primero pueda ser razonablemente interpretado como parcialmente responsable del segundo. 

Las personas utilizan distintos guiones o tramas de acuerdo a sus características personales, sociales, de género, culturales. Por ejemplo, en Estados Unidos se pudo establecer que la tendencia es que los hombres tienen una narración lógica del conflicto, lineal, del principio al fin; las mujeres, en cambio, tienen una narración en forma de “bucle”, siendo necesario entonces un realineamiento de sub-tramas o sub-guiones para establecer el principal. El mediador debe hacer un acercamiento al mundo de la persona para poder entender el guión. Tienen, también, una incidencia muy grande los denominados sesgos. Recomiendo, para este tema, leer a Kahneman.

 

2) ¿Cómo se posiciona y posiciona a los demás? 

Los roles  en la narración del conflicto están referidos al posicionamiento que las partes se dan a sí mismas y a los otros en la historia y, en general, se dan como opuestos (bueno/malo, víctima/victimario). 

El rol es un lugar en el espacio social que viene adjudicado y asumido por cada parte. Cuando ese lugar es malo o inmoral para los valores que se manejan la gente no puede contar su historia y eso los excluye de la participación en el proceso. 

Por eso, una de las tareas fundamentales del operador es cambiar la posición con que la gente llega al proceso. 

 

3) ¿Cuál es el tema? 

En los temas están comprendidos los valores, que nunca están aislados, se dan siempre en sistemas, conforman una especie de red en la que se puede distinguir entre los valores centrales y los periféricos. Los valores centrales estabilizan la relación entre ese valor y los otros valores. 

En la familia, por ejemplo, el sistema interpersonal desarrolla un sistema de valores polarizado y ello nos permite imaginar los valores de cada uno de los miembros de la pareja. 

La estabilidad del sistema depende de la resonancia cultural que tengan los valores, por ejemplo, la abnegación de las madres. El operador tiene que lograr que la gente cuente historias que tengan resonancia cultural para que queden legitimados.

Artículos relacionados / Subsistema conflicto

Lecturas recomendadas:

GABY, Gabriela, Ficciones médicas: ¿el lenguaje cura?, Suplemento Ideas de La Nación, 28.5.2017, p.4

CALCATERRA, Rubén A., Mediación Estratégica, Gedisa Editorial, Barcelona 2002, Cap. I, Ap. 1.6.

DIEZ, Francisco y TAPIA, Graciela, Herramientas para trabajar en mediación, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 59,

ELKAIM, Mony, Si me amas no me ames, Gedisa Editorial, Buenos Aires, 1989, p. 16.

KAHNEMAN, Daniel, Pensar rápido, pensar despacio, 11ª. Ed., Debate, Buenos Aires, 2020.

SCHVARSTEIN, Leonardo, Semiótica del conflicto, en la trama, Revista interdisciplinaria de mediación y resolución de conflictos.

SINGER, J.D. The Global System and its Sub-Systems. A Development View, en James N. Rosenau Ed. LinkagePolitics, New York: Free Press, 1969, p. 37.

SUÁREZ, Marinés, Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, 1996, p. 192-198

WHITE, Michael & EPSON, David, Medios narrativos para fines terapéuticos, Buenos Aires, Paidós, 1993, p.9.

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