La Conflictología, el Conflictólogo y el abordaje del conflicto familiar

El abordaje del conflicto familiar se puede nutrir de la Conflictología y sus métodos actuales, que promueven un análisis metódico sobre sus causas y actores.

La complejidad del conflicto familiar

El fenómeno de las rupturas conyugales o de las parejas unidas de hecho, es materia de creciente interés y de múltiples estudios en todo el mundo.

Este fenómeno, que está provocando cambios sustanciales en la Sociedad, es siempre el punto culminante de un proceso que, generalmente, recorre tres etapas: la primera, que ocupa el tránsito entre la idea de la separación retenida en el fuero interno de uno o de los dos componentes de la pareja y la exteriorización de esta, o sea, la idea expresada; la segunda, definida por la toma de la decisión de separarse; y la tercera, consistente en la materialización de la separación. Durante estas etapas, las partes experimentan intensas modificaciones en su equilibrio psíquico, transitando por la insatisfacción frente a la relación, la tensión por la decisión de separarse, el pasajero alivio y sensación de libertad al expresarla, las frustraciones siguientes a los intentos fallidos de reconciliación, los deseos de revancha y venganza y los sentimientos de culpa, angustia, depresión, inseguridad y aislamiento.

A estas tres etapas puede sucederles, tiempo por medio y por influencia de diversos factores internos y externos a las personas implicadas, un proceso de restablecimiento psíquico y de reorganización familiar, representada, ésta última, por el rematrimonio o una unión de hecho.

En ambos casos, estas personas que han transitado por un difícil proceso de disgregación conyugal o de pareja, ingresan en organizaciones familiares complejas en virtud de la interacción de los miembros de los dos grupos familiares: el anterior y el actual.

Esta complejidad se ve dificultada por el hecho que, en la mayoría de los casos, el canal de comunicación entre los cónyuges o los miembros de la pareja separados se bloquea, recargando el circuito a través de los hijos, que deben actuar a modo de transmisores de mensajes, moderadores, persuasores y hasta verdaderos mediadores sin título ni preparación y de los nuevos cónyuges o parejas de los divorciados o separados, lo que provoca que todo aquello que debieran decirle al «ex» se lo dicen al «actual», que actúa a modo de receptor o «cloaca».

A modo de digresión, permítaseme citar que esta complejidad, recibe de Phoebe Prowsky un interesante planteo para intentar su manejo, a través del concepto de «familias expandidas», mediante el cual articula el restablecimiento de la comunicación entre todos los miembros de la familia anterior y de la familia actual, considerando que quienes han tenido hijos en común son familia para siempre y que las nuevas uniones incorporan nuevas figuras parentales que tienen funciones parentales. Esta comunicación, a todos los niveles, formaría la red de sostén de la «familia expendida»[1]. Como sostiene Prowsky, aún en contextos de resistencia en virtud de condicionamientos sociales y culturales, igual resulta útil difundirlo para introducir la idea que esto es posible, lo cual, de por sí, ya induce un cambio.

El abordaje del conflicto familiar

Ingresando ahora al abordaje del conflicto, señalemos que, a causa de las implicancias legales y emocionales que el proceso plantea, en algún momento se hace necesaria la consulta al terapeuta o al abogado o a ambos, ingresando el conflicto, de tal modo, al campo de los dos medios de resolución socialmente más conocidos y aceptados: el terapéutico y el legal.

Reconocimiento aparte de los formidables adelantos que las diferentes técnicas psicológicas aportan hoy día al servicio del tratamiento de esta problemática y de los invalorables esfuerzos que tanto los jueces como los abogados realizan para abordar la compleja trama que excede lo estrictamente jurídico, lo cierto es que, en la generalidad de los casos, las soluciones adoptadas dejan en las partes implicadas la sensación de «no ser para ellas», de no reconocerse en ellas.

¿Cuál es el motivo de esa sensación que lleva además a incumplimientos de las resoluciones o de los acuerdos y recicla la situación en interminables disputas con el consiguiente daño sobre todo para los menores seguramente comprometidos?

El terapeuta estructura su intervención sobre una base diagnóstica, haciendo depender el tratamiento de la tipología del caso y de su orientación teórica. Todo el proceso gravitará alrededor de su capacidad de análisis de la situación problemática, esto es, estará sostenido por él.

A su turno, cuando la gente va a ver al abogado, lo hace en algunos casos durante la segunda etapa del proceso de disgregación antes descripto y, en la mayor medida, en la tercera, cuando son más fuertes los deseos de venganza y revancha y más intensos los sentimientos de culpa, angustia, depresión, inseguridad y aislamiento. Dentro del sistema judicial que con su actividad integra, el abogado opera entre la parte que contrata sus servicios y la Justicia -entendida como Poder Administrador- ante la cual habrá de cumplir su mandato. En su Estudio y ante su cliente, es la voz de la ley que le explica y que sostiene a aquél en sus razones y, ante la Justica, es la voz de su cliente que pide la resolución de su problema a través del dictado de la ley particular al caso: esto es, la sentencia. Pero entre esa ley que el abogado no dictó y la sentencia que ni él ni su cliente dictarán, está el proceso judicial que seguramente exacerbará aquellos deseos y sentimientos con que éste entró al Estudio, produciendo verdaderos circuitos reverberantes del conflicto

La Conflictología y el abordaje de conflictos familiares

En ninguno de estos procesos, como se ve, la decisión sobre la modalidad de las soluciones a los problemas planteados estará totalmente a cargo de las personas implicadas en ellos. Sumado a todo ello, la intensidad del padecimiento, la confusión y el temor que acompañan a estos períodos de la vida de la gente, sobredimensiona la fantasía de dejar en manos de un otro poderoso la instrumentación de las soluciones.

Se trata, entonces, de encontrar el medio de resolución que, sin dejar de lado los dos ya mencionados, sino todo lo contrario, complementándose con ellos en delicado equilibrio, permita a las partes adoptar sus propias decisiones que garanticen acuerdos más responsables, estables y duraderos.

Como bien lo define Vinyamata Camp, la conflictología es una disciplina abierta, plural e integradora dedicada a la observación, comprensión e intervención de los procesos conflictivos de cualquier tipo. Trabaja desde planteamientos internos y multidisciplinarios, y no pretende imponer ningún tipo de solución externa a las partes en conflicto; procura, eso sí, facilitar que las partes en conflicto encuentren por ellas mismas fórmulas o sistemas de transformación positiva y constructiva de sus conflictos, especialmente de aquellos a los que, por sí mismos, les resulta difícil hallar soluciones [2].

El interés destacado de la Humanidad por contener, solucionar o canalizar los conflictos ha llevado a un proceso de convergencia de denominaciones y prácticas en Irenología, Polemología, Transformación de Conflictos, Gestión de Conflictos, Estudios de la paz, Cultura de paz, que encuentren en la Conflictología el nexo de colaboración necesario para unir en un esfuerzo de análisis que nos permita comprender las causas de los conflictos y la manera práctica de sustituir los métodos violentos y contradictorios de resolverlos.

La Conflictología actúa en las causas de los conflictos más que en su sintomatología y propone métodos de cambio como sistema de abordaje de los conflictos. La Conflictología no propone soluciones, no juzga los actos humanos ni tan solo los actos violentos; el objetivo no se centra en establecer un sistema ideal de paz, sino en procurar, en tratar de hacer posible, de facilitar que la paz se instaure por sí misma, la generación de una cultura de paz por el camino de la racionalidad y de las emociones humanas, una cultura de paz que incluye la libertad, la justicia social, el empoderamiento de las personas.

Para comprender, entonces, qué debe entenderse por conflictología, y qué disciplinas la integran, debe tenerse en cuenta los dos aspectos esenciales: por una parte, están los estudios destinados a la observación y comprensión del fenómeno conflicto, y, por otra parte, las diversas metodologías desarrolladas para abordar el fenómeno.

Los primeros estudios en la Argentina, relacionados con la observación y comprensión del fenómeno, se deben precisamente a las investigaciones sobre teoría del conflicto que realizaba el profesor Entelman desde mediados de la década de 1970.

Los desarrollos posteriores, asociados al modelo de Conflictología que propongo, encarnado en el sistema de Análisis y Gestión Estratégica de conflictos (AyGEC), están dedicados a la integración de los dos aspectos enunciados, expuestos en numerosos trabajos [3], y es objeto de investigación en el Seminario Permanente de Investigación Remo F. Entelman “Teoría del conflicto: del objeto al sistema” que, bajo mi dirección, funciona desde hace 15 años en el Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales Ambrosio Gioja, de la UBA, con asiento en la Facultad de Derecho de esa Universidad [4].

Ventajas de la Conflictología como modelo para resolver conflictos familiares

Y así como propongo ese modelo de Conflictología, también sostengo que es el recurso que se presenta como más sintónico para el abordaje del conflicto familiar.

En primer lugar, porque comparte con el tipo de conflicto su naturaleza sistémica: no cabe duda de que la familia es un sistema, especialmente un sistema complejo.

La epistemología de la complejidad, desarrollada por Edgard Morín, conduce a lo transdisciplinario, que aleja al modelo de AyGEC de la mera acumulación de conocimientos, para sistematizar la organización de un conocimiento que consolida un proceso estructurado y estructurante de la disgregación familiar, movilizado por técnicas que se constituyen en base operativa [5].

El sistema familiar hoy, exige de los modelos de abordaje y de los operadores, el manejo de elementos de las Ciencias Jurídicas, Psicológicas, Físicas, del Conocimiento, Sociales, Económicas, Políticas, de la Comunicación, etc., y un entrenamiento que favorezca el descubrimiento y la creatividad antes que un elemento de control social, que les permita dar un salto de un pensamiento causal lineal a un pensamiento causal circular, en un contexto donde aprender a aprender prevalezca sobre las soluciones estereotipadas [6].

El conflictólogo, operando el conflicto familiar, debe «pensar con la boca llena» en términos de Judith Schangler, lo que elimina, en el plano de la complejidad, la contradicción de adherir incondicionalmente a un cuerpo de enunciados que se presentan como verdades científicas y desechar los «mitos fundadores» -como los denominan Deleuze y Guattari-, por ejemplo, el Freudismo que, cuando aparecen, ya no es posible no tenerlos en cuenta [7].

Esta formación debe incluir el crecimiento y desarrollo personal del mediador, en el sentido de renuncia a explicarlo todo, de búsqueda de la mejor alternativa antes que de soluciones

De este modo, el proceso estructurado y las tecnologías que lo movilizan, constituirán herramientas profesionales y la pregunta sobre la finalidad de ese proceso y de esas técnicas serán los ayudantes y ayudados del desarrollo personal, que debe incluir la construcción de metapuntos de vista, la autoobservación y la autocrítica [8].

El operador del conflicto familiar debe saber que su función es ayudar a la gente a hacer cosas con las que tienen dificultades, teniendo en cuenta que, a menudo, la solución más conveniente para la Familia puede no serlo para el mediador.

Estará así en condiciones de actuar este proceso y aplicar el sistema de AyGEC para desarmar las conductas sistemáticamente antagónicas de las partes y alentar los comportamientos que privilegien la común conveniencia antes que la individual de alguna de ellas.

El Conflictólogo guiará el proceso, pero los verdaderos artífices de las soluciones serán las partes mismas que, además recibirán, casi sin percibirlo, el entrenamiento para encarar futuras desavenencias adoptando «sus» propios remedios a través de «sus» propios potenciales.

La experiencia recogida de trabajos con familias en procesos de disgregación, de sucesiones conflictivas y de sociedades de familia, me ha convencido de la particular importancia que reviste abordar un sistema desde un modelo sistémico.

Es un cálido intento que persigue poner a disposición de quienes tienen que encarar la resolución de sus conflictos, la posibilidad de evitar la inútil búsqueda del éxito en contiendas a «suma cero», es decir, aquéllas en las que lo que gana uno es lo que pierde el otro; en el conflicto familiar, esa fantasía de resolución, que es generalmente sostenida durante años con desgastantes disputas, se cobra inexorablemente en salud y bienes.

Citas y referencias

1| Prowsky, P., Family therapy as an alternative to mediation: an appraisal of pharmland, 1ra.ed., Editorial Routledge, 2004.

2| Vinyamata Camp, E., Conflictología, Revista de paz y conflictos de la Universidad de Granada, vol. 8, Nro.1, 2015.

3| Calcaterra, R.A., El modelo de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos. Del objeto conflicto al sistema conflicto, Revista Electrónica de Teoría y Práctica de la Elaboración de Normas Jurídicas, Nro. VI, año IV, dic. 2008; El modelo de Análisis y Gestión Estratégica de Conflictos, en Martíno, A. (comp.), Ciencia de la legislación y gobernanza política, Universidad de Pisa, Pisa, 2009, entre otros.

4| http://www.derecho.uba.ar/investigacion/instituto-gioja/actividades/seminarios-de-investigacion/teoria-del-conflicto-del-objeto-al-sistema.php

5| Calcaterra, R.A., El sistema conflicto, Grupo Editorial Ibañez, Bogotá, 2016; El conflicto como sistema, Astrea, Buenos Aires, 2022, entre otros.

6| Selvini Palazzoli, M., Boscolo, L, Cecchin, G.F., Prata, G., Family Rituals: A Powerful Tool in Family Therapy, Family Process, Vol. 4, Nro. 3

7| Deleuze, F., Guattari, F., El Antiedipo, Paidós, Barcelona, 1985.

8| Calcaterra, R.A., Mediación Estratégica, Gedisa, Barcelona, 2002, pps. 41/44.

 

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